Opinión

El PRI verdadero

Muy poco tiempo ha pasado desde el inicio de esta administración para que el partido en el poder demuestre sus verdaderas intenciones. Del PRI “renovado”, “democrático”, a favor de las mejores causas de México, en plena defensa de un régimen de libertades y de igualdad, de un país competitivo inserto en la dinámica productiva del siglo XXI, hoy todo queda como una clara confirmación de la retórica electoral.

La iniciativa en materia de telecomunicaciones que el presidente Peña Nieto envió al Congreso y que de forma penosa ha “maquillado” el senador Javier Lozano, es contraria al espíritu de la reforma. Registra graves retrocesos en materia de libertades, de equidad de competencia, de apertura del sector, de limitación de intereses monopólicos, de autonomía del Ifetel; bueno hasta de facultades que se otorga el gobierno a través de sus dependencias para controlar y censurar contenidos informativos, periodísticos, críticos o de análisis a juicio de las dependencias gubernamentales.

¿Qué les pasó? ¿A dónde vamos? No representa una nueva tendencia la alianza del gobierno priista -y penosamente el del PAN tampoco fue distinto- a los grandes capitales. La defensa o concesiones que los gobiernos han otorgado a los consorcios de radiodifusión y telecomunicación. Lo invito a que revise usted el número de frecuencias otorgadas a las televisoras preponderantes en los últimos 12 años, por las que por cierto, no pagaron contraprestación alguna al gobierno. Por ende, no debiera sorprendernos que finalmente, a pesar del discurso innovador y equitativo de la reforma, las leyes secundarias terminaran por favorecer una vez más a los mismos. ¿Pero controlar las redes? ¿Suprimir libertades en Internet? ¿Controlar sitios informativos o noticiosos por su probable contenido contrario a la paz pública?

Presidente Peña, esto no es Egipto y usted no es Hosni Mubarak. Las redes y el Internet son por naturaleza y función, esencialmente públicas, libres, horizontales. A los medios convencionales nos ha costado bastante trabajo entenderlas y promoverlas para que una autoridad pretenda restringirlas o acotarlas. No puede haber, como en países donde se pretende controlar la libertad de expresión y el sentido crítico de la sociedad -Egipto, Siria, Libia, etc- filtro, sanción o control ninguno a las redes sociales presentes o futuras.

En términos de la industria, la única posibilidad para la auténtica apertura del sector, es mantener los criterios y condiciones especificados en la reforma: equilibrar las condiciones de competencia, restringir a los actores preponderantes, limitar el cabildeo de sus consorcios en el Congreso -pregúntele al senador Lozano y la telebancada- abrir el espacio a nuevos generadores de contenidos, intentar en lo posible, reconstruir la desproporcionada preferencia a las empresas y consorcios de siempre.

Todo parece indicar que el PRI de siempre es el que ahora, que sin pudor alguno muestra el rostro filibustero y embaucador de toda la vida, ayudado y apoyado por más de algún acólito del poder.

No a la contrarreforma, no al control de las redes sociales y el Internet, no a la preferencia y favoritismo de los consorcios preponderantes, no al truqueado método para otorgar concesiones, no a la restricción más mínima de autonomía al Ifetel.