Opinión

El PRI en la Ciudad
de México

 
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Mikel Arriola

Con una loza terriblemente pesada que empezó a cargar desde 1997, el PRI en la Ciudad de México llega con total descrédito y rechazo por parte de los capitalinos al proceso electoral de 2018, y el escenario es que se ratifique el diagnóstico en las urnas.

Tal vez por ello se explica que exploren nuevos perfiles que los represente en la CDMX, sólo así se podría entender la eventual nominación de Mikel Arriola como candidato del PRI para recobrar la capital del país, que alguna vez gobernó.

Debe saber Arriola y quienes lo proponen que una cosa es ser un gran administrador y servidor público, y otra representar a un partido que, por lo menos en el otrora DF, es repudiado por al menos el 50 por ciento de los votantes.

Tal vez dirán algunos optimistas que con una candidatura fresca y jovial, como la de Mikel, se puede convencer a un ejército de nuevos votantes que han apenas rebasado la mayoría de edad; otros señalan, entre ellos este reportero, que no aspira a la victoria, sino a sumar el mayor número de votos a la causa de José Antonio Meade, y en este aspecto seguramente los tricolores tendrán más votos que los que alcanzó Beatriz Paredes hace cinco años, aunque habría que considerar que el candidato presidencial de aquel entonces, Enrique Peña Nieto, fue quien le aportó más votos a una candidata que se tiró a la hamaca, creyendo que su historial partidista haría el resto.

En cualquiera de los casos el ahora exdirector del IMSS va a ganar personalmente con abanderar la causa priista en la capital, ya que aun perdiendo, estará en el primer círculo de funcionarios que acompañarán a Meade en la presidencia de la República, claro, si se alza con la victoria.

Son varios grandes obstáculos que enfrentará el chilango abogado: primero una mala gestión que llevó a cabo Mariana Moguel, quien como líder prolongó el estado de abandono en que viven los pocos militantes que aún le quedan al tricolor capitalino y, segundo, deslindarse de liderazgos que son un lastre para las causas priistas, como es el caso del grupo que encabeza un defenestrado Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, a quien se le acusa de haberse adueñado de la base territorial mediante prácticas nada ortodoxas: a golpe y porrazo.

Otro gran pasivo es la presencia de Eruviel Ávila, recién nombrado como delegado especial, con funciones de presidente, el cual arrastra una estela de corrupción e ineficacia que le ha valido el rechazó no sólo de sus paisanos, particularmente los que viven en las zonas conurbadas de la CDMX, sino también de los capitalinos que ven a este mexiquense como el prototipo del político cínico, sinvergüenza y sin valores éticos.

En este desolador panorama no hay que olvidar que los cuadros priistas, los de base, tuvieron una migración por conveniencia, ya que con la caída del priismo en los tiempos de Oscar Espinosa, el último jefe del Departamento del Distrito Federal, el perredismo absorbió esas representaciones con sobornos y ayudas clientelares, y hoy prácticamente esos mismos cuadros o asociaciones de tianguistas, taxistas, damnificados, vendedores ambulantes y otras agrupaciones, ya son morenistas.

Las adversidades con las que Mikel tendrá que remar a contracorriente como aspirante para la jefatura de Gobierno en la Ciudad de México serán el común denominador. Si en verdad quiere ganar votos, primero tendrá que poner orden en la casa priista; después armar un gran equipo de campaña, al tiempo de sacarse los personajes como Eruviel Ávila, y tercero recobrar a aquellos luchadores sociales, así como ciudadanos inconformes con la podredumbre de gobiernos perredistas.

OCURRENCIA AZUL

En tiempos de amor y paz, el presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados, el panista Marko Cortés, se vio bien en su idea de poner un árbol navideño dentro de las instalaciones de San Lázaro. Pero donde se equivocó es en su mensaje, cuando dijo que recomendaría a las siguientes legislaturas que esa tradición continuara. Lo que debería hacer el legislador es dejarse de prácticas chantajistas y desatorar las iniciativas que tiene en el congelador su bancada.

Más de un asistente, en corto, susurró que lo que le falta hacer al diputado Marko es trabajar para que esos momentos de reconciliación de la que habló se tradujeran en más acuerdos a favor de México entre sus pares, y en lugar de pedir continuar con tradiciones, que también son válidas, debería de “pedir que las siguientes legislaturas sigan construyendo leyes que sirvan al país”. Eso dijeron.

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