Opinión

El Premio Nobel de la Paz quiere guerra


 
 
En el XL Aniversario del Golpe de Estado en Chile.
 
 
Querido presidente Salvador Allende, a 40 años del complot que padeciste, el mundo sigue en lo suyo, con sus paradojas y sus contradicciones.
 
 
Al Premio Nobel de la Paz Barack Obama le urge la guerra y apresura a sus fuerzas militares mientras pide permiso al Congreso para hacer justicia, claro, en un país remoto.
 
 
En México, la economía no quiere crecer y la pobreza sí.
 
 
Los maestros (algunos miles) no quieren dar clase.
 
 
Andrés Manuel López Obrador ahora defiende a la clase media. Lo rentable es lo rentable.
 
 
La Selección Mexicana no quiere ir al Mundial de futbol y Estados Unidos sí. Quién lo diría.
 
 
Las autoridades hacendarias no quieren cobrar impuestos a quienes no los han pagado. “Es opcional”, dicen, mientras a los cautivos, desde luego, no les dan opción.
 
 
Ni modo, presidente, qué puedo reportarte. Tu país va bien, dicen, cuentan, y hasta de ejemplo sirve para América Latina porque no sólo supo rehacerse luego de 17 años de dictadura sino que fue capaz de aprehender lo suficiente del pasado como para poner la mirada en el futuro.
 
 
En México el pasado sigue siendo fuerte, tanto, que por tradición es bandera y hasta argumento. Hay quienes se aferran tanto a él que en él se quedan, y además quieren que el país completo viva del tiempo ido.
 
 
Tenemos, ahora, el propósito de acabar con la obesidad, tan es así que sólo por eso, según explica la Secretaría de Hacienda, se quiere establecer un impuesto de un peso por litro de refresco. No es que quieran recaudar más, no, sino que es tanta la preocupación por el sobrepeso que piensan que lo mejor es cobrar por engordar. Quien quiera engordar, que le cueste. Según esta lógica, el gobierno mexicano sería feliz con una esbeltez generalizada aun cuando nada se recaudara por este nuevo impuesto.
 
 
Vivimos en tiempos tan extraños, que los legisladores están legislando, y los partidos políticos están haciendo política.
 
 
Te cercaron en La Moneda, presidente. Me acuerdo remotamente. Mi familia y yo vimos en el Excélsior de esa época tu foto y el encabezado que daba cuenta del golpe de Estado. Mi hermano Víctor Jorge estrujaba el diario y yo preguntaba detalles en medio de una comprensión difusa. Qué significaba aquello.
 
 
El mundo sigue enredado, presidente Allende: seguimos armándonos para garantizar la paz, concentrando la riqueza para que la economía crezca, ignorando el sufrimiento para que no duela, repartiendo pobreza para alcanzar la igualdad, soñando futuro para no enfrentar el presente.
 
 
Y a cuatro décadas de aquello que tú sabes, Pablo Milanés nos hace tener presente aquella gesta tuya que, derrotada un 11 de septiembre, sigue viva en algún lugar de la memoria:
 
 
Yo pisaré las calles nuevamente / de lo que fue Santiago ensangrentada /  y en una hermosa plaza liberada / me detendré a llorar por los ausentes.