Opinión

El prelado de la impunidad y del lavado


 
 
Gracias a sus relaciones con el Banco del Vaticano”, Nunzio Scarano, el poderoso clérigo detenido el viernes cuando intentaba traficar 20 millones de euros de Suiza a Italia, creía que disfrutaba de impunidad y veía a dicha entidad como “el único instrumento rápido y seguro para operaciones financieras y bancarias que podían evadir --si no violar totalmente-- las leyes contra el lavado de dinero y la evasión fiscal”, revela un documento de 48 páginas elaborado por la juez Barbara Callari, que confirma la dimensión criminal de la mafia enquistada en la Curia Romana que enfrenta el papa Francisco.
 
El documento de la magistrada, que aprueba la solicitud para el arresto de Scarano y sus cómplices, Giovanni Zito, agente de la inteligencia italiana y el corredor de bolsa Giovanni Carenzio, en un marco que nos conduce a los días de la logía masónica Propaganda Dos, el reciclaje de fondos en el llamado oficialmente Instituto para las Obras Religiosas (IOR) y el exprimer ministro Giulio Andreotti, contiene transcripciones y resumenes de grabaciones, correos electrónicos, cartas y cheques propias, dice Reuters, de la trama de una novela de espionaje que incluye un avión privado empleado para recoger el dinero depositado en el banco UBS de la Suiza que lava más blanco y teléfonos celulares quemados.
 
Callari detalló que Scarano, por años contador de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, mediante la que se relacionó con el IOR, “poseía vastos recursos económicos” y no vaciló en utilizar complicadas estratagemas e involucrar a muchos otros para sacar adelante” sus operaciones, que en el caso del viernes habrían beneficiado a magnates navieros de Salerno, Sicilia. También se le investiga por las transacciones que efectuó en 2009, al retirar 560,000 euros de su cuenta personal en el Banco del Vaticano e internarlos en Italia, a fin de pagar la hipoteca de su residencia en Salerno.
 
Para depositar la suma en una cuenta italiana y evitar que su familia descubriera la enorme cantidad de efectivo, pidió a 56 'amigos cercanos', apunta AP, que aceptarán 10,000 euros por cabeza a cambio de un cheque o de una transferencia de dinero por el mismo monto. “El dinero llegó del Vaticano. Quería traerlo a Italia y se le aconsejó que lo hiciera así”, afirmó su abogado, Silverio Sica.