Opinión

El pragmatismo de Peña Nieto

 
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Meade

Una vez más quedó demostrado el pragmatismo del presidente Peña Nieto al seleccionar a José Antonio Meade como precandidato presidencial del PRI, por encima de otras opciones que representaban en su plenitud al tricolor, pero que de ninguna manera garantizaban el triunfo.

En una de las decisiones más importantes del Presidente no se equivocó, al contrario tuvo la madurez, la sabiduría y el tino para escoger al mejor hombre que, a pesar de no ser militante, logró vencer a todos y quedarse con el honor de abanderar la causa del Revolucionario Institucional.

Desde cuándo se preparó su candidatura, en mi opinión fue en el momento que Peña decide nombrarlo secretario de Sedesol, y con ello incorporarlo a la dependencia más importante en cuanto a la operación de los programas sociales y el conocimiento profundo y de primera mano sobre la pobreza y la marginación. Con esta responsabilidad se avocó a recorrer el país, y fue este encuentro con la desesperanza lo que seguramente lo sensibilizó aún más sobre el reto que iba a enfrentar en el futuro.

El Presidente tenía a sus preferidos en la lupa, Aurelio Nuño, Miguel Ángel Osorio Chong y Eruviel Ávila. El primero apoyado por el poderoso Luis Videgaray y su vasto grupo; en contraparte, el secretario de Gobernación tejió un bloque tanto al interior del gobierno como en los propios medios de comunicación. Sin embargo, ninguno de los dos tuvo los méritos suficientes para ganarse la distinción de la candidatura. En cuanto a Eruviel, pues no alcanzó los resultados que tuvo su antecesor.
Se hablará hasta el cansancio sobre las razones que tuvo el fiel de la balanza para inclinarse por Meade, lo cierto es que dejó atrás sus filias, preferencias y afectos para dar pasó a la razón, al análisis sobre el entorno tan adverso que trae su partido y él mismo en el ánimo de la población.

Sin duda también evaluó a sus adversarios, a Andrés Manuel López Obrador, al Frente Antidemocrático contra México y a los independientes, por lo que llegó a la conclusión que para enfrentarlos y vencerlos requería un candidato con las características que le puso en charola de plata José Antonio Meade Kuribreña.

Decimos que el Presidente dejó atrás lo que le dictaba el corazón y la amistad por el pragmatismo que él ha creado en una cosmovisión muy personal sobre lo que es la política y el ejercicio del poder. Si Meade representaba más fortalezas y menos pasivos que los otros suspirantes, pues había que irle pavimentando el camino para que, llegado el momento, se convirtiera en una elección ganadora.

Los significados del pragmatismo lo definen como el tipo de actitud y pensamiento según el cual las cosas solamente tienen un valor en función de su utilidad. En este sentido, el pragmatismo reduce lo verdadero a lo útil y considera que la verdad del conocimiento se encuentra precisamente en aquello que tiene un valor práctico en la vida. Esta es la lógica por la que se ha conducido el presidente Peña desde que ingresó, dicho por él, a la política. De hecho las decisiones más relevantes de su carrera las ha tomado bajo este principio.
Así fue cuando eligió a su sucesor en el Estado de México, Eruviel Ávila, que a la postre no cubrió las expectativas y al final del día sucumbió ante el poder y el dinero.

Después del parto tricolor en donde ha nacido un candidato rozagante, ahora quien debe estar preocupado es el eterno puntero de las encuestas y siempre perdedor, Andrés Manuel López Obrador, quien abrigaba la esperanza que fuera otro y no Meade el elegido.

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