Opinión

El por qué de las transferencias

 
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Pobreza

En 2015, la Secretaría de Desarrollo Social destinó casi 38 mil millones de pesos para Prospera, el programa de transferencias gubernamentales condicionadas considerado un éxito y replicado en varios países. Las familias beneficiarias reciben un monto, en efectivo o en especie, que varía en función de las características de cada hogar, y a cambio tienen que demostrar que llevan a los niños al colegio y al doctor. El programa, llamado entonces Progresa, surgió en 1997 para tratar de aliviar las condiciones de pobreza que se habían agravado a raíz de la crisis de 1994-1995. El programa cambió de nombre en el 2002 a Oportunidades, con la idea de otorgarle a una familia, particularmente a los niños, mejores condiciones de inicio para ampliar sus oportunidades en la vida.

Un programa de transferencias de este estilo tiene varios objetivos, todos loables y necesarios en una economía como la mexicana: combatir la pobreza, mejorar la distribución del ingreso, permitir una mayor movilidad social.

México es un país con millones de pobres. Hay muchas mediciones de pobreza en el país, una de ellas es la pobreza laboral. Bajo este término, son pobres quienes incluso al destinar todo el ingreso proveniente del empleo a su alimentación, no les es suficiente para obtener los nutrientes necesarios. Un programa de transferencias condicionadas debería, si es exitoso, disminuir con el tiempo la pobreza laboral, dado que sus beneficiarios deberían poder obtener mejores oportunidades laborales rompiendo así el círculo de pobreza y permitiendo eventualmente cortar la dependencia del programa.

La pobreza laboral en México ha tenido fluctuaciones. En el primer trimestre de 2005 el porcentaje de población en esa condición era 34.8 por ciento. A partir de entonces, alcanzó un máximo de 42.9 por ciento el cuarto trimestre de 2014 y el último dato, presentado ayer, muestra que 41 por ciento de la población se encuentra en pobreza laboral. Estas cifras ponen en duda el éxito del programa.

La distribución del ingreso es otro tema relevante. Para medir la desigualdad se utiliza el índice de Gini, un índice que se acerca más a cero en la medida en que exista más igualdad y más a uno mientras haya más desigualdad. Algunas medidas pueden mejorar la distribución del ingreso en el largo plazo, como podría ser el acceso a educación de calidad. Otras lograrán mejorarla en el mediano plazo, como podría ser una reforma fiscal progresiva. Y otras podrán impactar la distribución del ingreso en el corto plazo como podrían ser los programas de transferencias.

En un país como México, un objetivo de los programas de transferencias, es que la desigualdad –de ingresos al menos- disminuya mediante el otorgamiento de estas transferencias monetarias, mejorando las condiciones de los deciles más bajos.

De acuerdo a la OCDE, México es el país miembro de esta organización cuyo sistema fiscal y de transferencias tiene el menor impacto sobre la reducción de la desigualdad. Es decir, el índice de Gini, antes y después de las transferencias es casi igual. En el estudio económico de la OCDE sobre México, se presentan los coeficientes de Gini de algunos países antes de considerar impuestos y transferencias y una vez que se quitan impuestos y se otorgan las transferencias.

Algunos países llaman la atención. Por ejemplo, Irlanda tiene un Gini de 0.57 inicialmente. Es más desigual que México, que tiene un Gini de 0.50. Una vez que se toman en cuenta las transferencias gubernamentales y los impuestos, el Gini de Irlanda baja a 0.30 y el de México, únicamente a 0.47. En términos más sencillos, las transferencias en Irlanda –y en Alemania, Francia, España, Estados Unidos y otros– contribuyen de forma importante a corregir la distribución del ingreso. En México, el efecto es muy poco.

Pongámoslo en términos optimistas. Ya tenemos un programa extenso de transferencias. Ya tenemos la red, la información, los recursos. Lo que tenemos que hacer es volverlo eficiente. Tenemos que lograr que ese enorme programa de transferencias genere cambios. Cambios verdaderos que se traduzcan en movilidad social y en mejores oportunidades. Lo que tenemos hoy en día no corrige los problemas de fondo, por el contrario, genera dependencia.

La autora es profesora de economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter:@ValeriaMoy

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