Opinión

El populismo no es opción para demócratas

 
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Hillary Clinton ganó el voto popular por más de dos millones, y probablemente sería presidenta electa si el director del FBI no hubiera inclinado tanto la balanza pocos días antes de las elecciones. Pero ni siquiera debió haber sido una votación peleada; lo que puso a Donald Trump a corta distancia fue el apoyo abrumador de los blancos sin educación universitaria. Entonces, ¿qué pueden hacer los demócratas para recuperar al menos a algunos de los votantes?

Bernie Sanders ofreció recientemente una respuesta: los demócratas “deberían ir más allá de las políticas de identidad”. Lo que se necesita, dijo, son candidatos que entiendan que los ingresos de la clase trabajadora han caído, que “se enfrenten a Wall Street, a las compañías aseguradoras, a las compañías farmacéuticas, a la industria de combustibles fósiles”.

¿Pero hay algún motivo para creer que esto vaya a funcionar? Permítanme presentar algunos motivos para ponerlo en duda.

Cualquier afirmación de que el cambio de postura política va a ganar las elecciones supone que el público escuchará esas posturas. ¿Cómo se supone que suceda eso cuando la mayoría de los medios noticiosos simplemente se niega a cubrir la sustancia política? Recuerden que, durante el transcurso de la campaña de 2016, los tres programas de noticias de la televisión abierta dedicaron un total de 35 minutos, combinados a temas de política.

Mientras tanto, dedicaron 125 minutos a los correos electrónicos de Clinton.

Más allá de eso, el hecho es que los demócratas ya han estado siguiendo políticas mucho mejores para la clase blanca trabajadora que cualquier cosa que el otro partido pueda ofrecer sin beneficio político.

Considere el caso del este de Kentucky, un área muy blanca que se ha beneficiado enormemente de iniciativas de la era del presidente Barack Obama. Tomemos, en particular, el caso del Condado de Clay, que The New York Times declaró hace años que era el lugar donde era más difícil de vivir en Estados Unidos.

¿A dónde se fueron los empleos de la minería carbonífera de los Apalaches? No se perdieron por la competencia desleal de China o México. Más bien, lo que pasó fue, primero, una erosión de décadas a medida que la producción de carbón estadounidense se trasladaba de la extracción de subsuelo a la extracción a cielo abierto y de montaña, que requieren muchos menos trabajadores: el empleo en la minería carbonífera alcanzó su clímax en 1979, cayó rápido durante los años de Ronald Reagan y se redujo más de la mitad para 2007. ¿El caso de la región ex carbonífera es excepcional? Realmente no. Al contrario de la caída en el carbón, parte de la disminución a largo plazo en el empleo manufacturero puede atribuirse a los crecientes déficits comerciales.

Nadie puede prometer creíblemente que hará que vuelvan los viejos empleos; lo que se puede prometer —y la Sra. Clinton lo hizo— son cosas como cobertura médica garantizada y salarios mínimos más altos. Pero los blancos de clase trabajadora votaron abrumadoramente por políticos que prometen destruir esas ganancias.

(Esta columna del New York Times de Paul Krugman fue publicada originalmente el 25 de noviembre de 2016.)

Twitter:@paulkrugman

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