Opinión

El populismo de AMLO pierde encanto

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Arturo Núñez, gobernador de Tabasco. (ilustración)

Ahora la emprendió contra Arturo Núñez, gobernador de Tabasco, porque en ese estado no ganó Morena.

López Obrador llamó traidor a Núñez pues en los comicios de junio, de los seis distritos electorales de Tabasco, Morena no ganó en ninguno.
Vaya, ni siquiera ganó en su natal Macuspana.

“Arturo Núñez traicionó al pueblo de Tabasco, no tenemos ninguna relación con su gobierno”, dijo el domingo en esa entidad donde él en lo personal sufrió uno de los más duros reveses que puede experimentar un político: perder en su tierra.

López Obrador impulsó a Arturo Núñez para ser candidato a gobernador del PRD en Tabasco, y como tal ganó.

Para la mentalidad egocéntrica y clientelar del líder de Morena, lo anterior equivale a que Núñez pasa a ser de su propiedad.

Creyó que con su “popularidad” en Tabasco, más una ayuda del gobernador que le pertenecía, iba a ganar las elecciones federales de esa entidad, y perdió. Perdió seis de seis.

Algo pasa con López Obrador que ha perdido conexión con la gente, a pesar de su perseverancia para recorrer el país una y otra vez.

Perdió en Oaxaca, donde afirman que el gobernador Gabino Cué le había prometido dos distritos, y no ganó ninguno.

Propuso públicamente una alianza electoral a los líderes de la CNTE oaxaqueña sin haber sondeado antes si existían las condiciones para una respuesta afirmativa. Le dijeron que no.

Ni siquiera los líderes de la impresentable Coordinadora quieren aliarse con él. Algo anda mal en su estrategia, en su discurso, en su partido.

Seguramente Cué y Núñez habrían quedado muy bien con AMLO si éste ganaba un par de distritos, para que se estuviera quieto y no molestara, pero sucede que la gente, a la hora de votar, dijo otra cosa: no.

El populismo de López Obrador pierde encanto, salvo en el Distrito Federal, donde obtuvo un buen caudal de votos debido, en parte, a que las estructuras clientelares de Panchos Villas, taxistas Pantera y beneficiarios de viviendas irregulares controlados por Bejarano, continúan intactas.

Su discurso contrario a todas las reformas no tiene respuesta entre la gente. Con eso de que va a llamar a referéndum para echarlas abajo, no logra conmover a nadie.

La razón de la pobreza es la falta de crecimiento económico, y no el impacto de las reformas “neoliberales” emprendidas desde hace años, como dice él.

Acierta al señalar la existencia de una inaceptable corrupción en la esfera pública y también en la privada, pero esa virtud no es creíble cuando busca alianzas con la CNTE, o hace candidatos a personajes que han estado en el sistema toda la vida, y sólo se aparta de ellos porque no le cumplen con diputaciones a su partido.

Su incongruencia aburre. Su populismo ya no convence. Su incapacidad para renovarse lo tiene desesperado.

Twitter: @PabloHiriart

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