Opinión

El polígrafo y otras ideas peregrinas

Las crisis de seguridad y violencia que azotan, entre otros estados, a Michoacán y Guerrero, donde quedó al desnudo la íntima relación entre criminales y políticos, han llevado a los partidos a hacer todo lo posible para convencer a la ciudadanía de que no permitirán en un puesto público a un nuevo Abarca.

Se ha dicho incluso que los candidatos serán sometidos a diversos exámenes, algunos de esos diseñados específicamente para cuerpos policíacos. En noviembre el PRI anunció que aplicará pruebas de polígrafo y antidoping, y en días pasados el presidente del PRD del Distrito Federal, Raúl Flores, expresó una cosa similar.

Estas ideas peregrinas no van al meollo del problema. No hace falta creer la versión de Armando Ríos Piter sobre por qué renunció a la posibilidad de la candidatura en Guerrero, para coincidir con él en que lo que no funciona es el sistema, más allá de los candidatos, por bien seleccionados que resulten éstos.

“Nuestro país atraviesa por una crisis de moralidad. La principal causa es que la ética ha quedado supeditada al pragmatismo político. Hay quienes piensan que para alcanzar el poder hay que construir acuerdos pragmáticos a costa de lo que sea, con el fin de alzarse con el triunfo electoral. Hay quienes, cuando se les cuestiona sobre la mala percepción social de algunos actores, responden de inmediato, sin mayor preocupación, que se requiere de esos mismos actores para ganar la elección”, sostuvo Ríos Piter el sábado en un artículo publicado en Reforma.

El origen de la crisis de los partidos no está en el prestigio de un candidato que salió 'malo', sino en la certeza que tiene la ciudadanía de que no funcionan los mecanismos para supervisar, y en su caso sancionar adecuadamente cuando así no ocurra, el apego a la ley por parte de los políticos.

Los partidos no deben prometer a la ciudadanía lo obvio (que garantizarán la probidad de los candidatos que respaldan), sino demostrar desde ya (abundan casos a la mano si quieren transitar por ese camino) que cumplirán con lo aun más elemental: que serán los primeros en denunciar a un compañero que se aparta de la ley.

Sobra decir que hoy son los primeros en encubrir a sus militantes y los más proactivos a la hora de negociar la impunidad para esos cuadros. Ahí el pragmatismo a ultranza que denuncia Ríos Piter.

Yendo un poco más allá, y aunque en las actuales circunstancias parezca ingenuo hacer esta petición, lo mismo habría que decir sobre la necesidad del establecimiento de estándares mínimos de desempeño como condición para lograr una candidatura.

Lo escandaloso del fenómeno de los 'chapulines' no es que abandonan el puesto para buscar otra chamba, sino que nadie responde por multimillonarias obras e importantes políticas que los renunciantes dejan al garete. Antes que sancionar esas conductas, los partidos las premian. ¿Dónde se ha visto que alguien vuelve a contratar a un proveedor que vez tras vez queda mal en sus entregas? Respuesta simple: en la política mexicana.

No hay garantía de que con pruebas de polígrafo y ocurrencias similares los partidos nos salven de un nuevo Abarca. Sin embargo, lo que sí es seguro es que el actual modelo, como bien advierte Ríos Piter, reciclará una y otra vez a los mismos.

De ahí que a nadie hoy parezca sorprender que alguien como Leonel Godoy (PRD, desastre en Michoacán), alguien como Cecilia Romero (PAN, desastre en INM) o alguien como Ernesto Gándara (PRI, alcalde de Hermosillo cuando la Guardería ABC), por mencionar tres, busquen tan campantes sendas candidaturas.

Twitter: @SalCamarena