Opinión

El plebiscito en Colombia, la apuesta de Santos por la paz

  
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Colombia FARC

Los acuerdos de paz que suscribieron este año el gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) son un hito en la historia contemporánea de Latinoamérica. Después de más de cuatro años de negociaciones complejas, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, acaba de entregar al secretario general de la ONU el acuerdo de paz final con la guerrilla de las FARC. El cese al fuego se firmó apenas hace tres meses y el próximo lunes 26 de septiembre se firmará el acuerdo final en Cartagena.

El conflicto de más de 50 años fue traumático para millones de colombianos: trajo incontables víctimas entre muertos –casi 300 mil–, secuestrados –casi 30 mil– y desplazados internos. Según estimaciones oficiales, las víctimas de desplazamientos forzados rondan los 7 millones, cifra comparable a los desplazados por la guerra civil siria.

Las negociaciones de paz han provocado profundas divisiones y discusiones en Colombia entre quienes las apoyaron y a quienes les parecen inaceptables porque creen que conducirán a la impunidad de los grupos armados. El arreglo es imperfecto, pero es preferible a mantener el conflicto, que no ha logrado acabar con la guerrilla, pero que ha traído pérdidas de vidas humanas, que ha desgastado a las fuerzas armadas, fortalecimiento del crimen organizado, incertidumbre económica y que ha acostumbrado a generaciones enteras a la “normalidad” de vivir amenazados.

El siguiente paso después de la firma será el refrendo de los acuerdos. Para la validación final, el gobierno de Colombia, con el aval del poder Legislativo, estableció como mecanismo un plebiscito, que se celebrará el domingo 2 de octubre. Los acuerdos se validarán si participa más de 13 por ciento de los registrados en el padrón electoral y si gana el “sí” por mayoría simple. La pregunta que responderán los participantes será: “¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?”.

El plebiscito ha polarizado aún más a los colombianos, en particular a la clase política, que se encuentra enfrentada hacia las elecciones presidenciales de 2018. Por una parte, están Álvaro Uribe, en cuyo gobierno Santos fungió como ministro de Defensa, quien se ha convertido en el principal detractor de las negociaciones y el exmandatario, Andrés Pastrana. Ambos han insistido en que el Estado de Derecho debe fortalecerse al castigar a los responsables de la violencia y no al otorgarles amnistía y posibilidades de integrarse a la vida política. Por otra parte, los expresidentes César Gaviria, Belisario Betancur y Ernesto Samper hacen campaña a favor del “sí” y la reconciliación nacional.

Santos y sus colaboradores han apostado todo su capital político al éxito de estos acuerdos. De hecho, hoy el presidente se encuentra en su momento de mayor impopularidad. Considero, sin embargo, como otros defensores del “sí”, un mérito que el gobierno de Santos tenga el valor de defender los acuerdos en aras de la paz y a riesgo de seguir cayendo en las encuestas. La decisión que se emita en las urnas es crucial: puede darle o restarle legitimidad popular a una negociación controvertida de un conflicto complejo y doloroso, que lleva más de cincuenta años.

Encuestas recientes (Opinómetro) pronostican el triunfo del “sí” (55 por ciento) sobre el “no” (38 por ciento), pero estas proyecciones optimistas podrían equivocarse. Es una buena noticia entonces que el próximo lunes acudan a Cartagena líderes de varios países del mundo y de organismos multilaterales a atestiguar la firma del acuerdo final de paz. Es sorprendente cómo la opinión mundial ha sido unánime: gobiernos de países poco afines como Estados Unidos y Venezuela están a favor de los acuerdos. La comunidad internacional desempeñará también un papel central en la etapa después del conflicto con una Misión de la ONU en Colombia, para el monitoreo y la verificación del cese al fuego.

Esta apuesta por la paz merece una oportunidad, a pesar la incertidumbre que conlleva. De tener los resultados deseados, nuestro continente en particular tendrá un precedente para reconciliar sociedades divididas. El camino de la paz solo es posible mediante la reconciliación y el perdón.



Twitter: @lourdesaranda

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