Opinión

El Plan Nacional de Infraestructura en el Informe presidencial

Alejandro Rodríguez Arana

Profesor del Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Su correo electrónico es alejandro.rodriguez@uia.mx

El día 1 de septiembre el Poder Ejecutivo entregó a la Cámara de Diputados el Segundo Informe de Gobierno de la presente administración. El documento en cuestión está bien estructurado y atiende temas de gran relevancia para el país. Sin embargo, al tocar el tema de las reformas estructurales el Informe tiene un aire sumamente triunfalista. Las reformas tienen buenas posibilidades de generar resultados positivos en el futuro, pero hasta hoy están sólo en el papel. La situación actual de México en términos económicos prácticamente no ha cambiado con respecto al sexenio anterior- acaso ha empeorado un poco- así es que el aire tan triunfalista habría que guardarlo para cuando corresponda.

Un tema que me llamó profundamente la atención del Informe es el de la descripción del Programa Nacional de Infraestructura (PNI) 2014-2018. Se planea un gasto total en infraestructura de 7.7 billones de pesos (bp), de los cuales 2.8 bp los llevaría a cabo el sector privado y 4.9 b.p. corresponderían a mayor inversión pública. En términos anuales estas cifras son enormes. Traducidas a dólares constituyen más de 100 mil millones de dólares (mmd) por año, de los cuales más de 70 mmd serían desembolsados por el sector público. En términos del PIB alcanzan casi 10 por ciento del producto por año. En la actualidad el cociente de inversión total a PIB es de alrededor de 20 por ciento. El PNI teóricamente lo podría llevar a cerca de 30 por ciento. Si esto resultara cierto, ninguna de las reformas aprobadas- ni la energética- tendrían un impacto tan favorable en el crecimiento económico. Es probable que la tasa de crecimiento del país pudiera aumentar hasta cuatro puntos, es decir llegar a 6.0 por ciento, algo que no sucede desde hace muchos años.

La gran pregunta relacionada con el tema es ¿de dónde provendrán los recursos para financiar tamaño incremento de la inversión? Tomemos solamente al sector público. Con todo lo demás constante, el plan es que dicho sector incremente su cociente de inversión a PIB del actual nivel cercano a 3.0 por ciento hasta alrededor de 9.0 por ciento. En el mejor de los casos, la reforma fiscal le proveerá al sector público de 2.5 puntos del PIB. Todavía hay que financiar 3.5 puntos del PIB adicionales.

Lo anterior parece incongruente con el incremento de la deuda pública proyectada para el sexenio, el cual se estimaba, hasta hace muy poco, en seis o siete puntos del PIB. De llevarse a cabo el PNI, tal vez habría que incrementar la deuda en una cantidad no menor a 10 puntos del PIB. Surgen entonces otras preguntas  ¿cuál deuda? ¿La doméstica o la externa? Probablemente ambas, pero dado que el ahorro doméstico es limitado, habría que voltear al exterior para allegarse de recursos.

Es posible que la limitación de recursos internos y externos modere los montos proyectados del ambicioso PNI. Un escenario más preocupante es que, como ha sucedido en épocas anteriores, exista la disponibilidad de recursos, principalmente externos, para el financiamiento de este programa y las inversiones tengan un larguísimo período de maduración, o algunas desgraciadamente no sean rentables. Para algunos analistas el plan del aeropuerto, que más que triplica la capacidad del actual, puede generar un elefante blanco. En situación similar podrían estar varias de las 46 autopistas planeadas (acordémonos del rescate carretero de los años noventa) o de las 24 líneas de trenes proyectadas.

Nadie puede estar en contra de dirigir la política económica a la consecución de un mayor crecimiento económico. Sin embargo, la historia nos muestra que en ocasiones es posible conseguir altísimas sumas de financiamiento externo sin que existan condiciones ideales para el pago de esas deudas y sus intereses en el futuro. En los últimos 40 años México ha sufrido varias veces las consecuencias de invertir en proyectos que no son lo suficientemente rentables para poder pagar a los deudores. No podemos darnos el lujo de enfrentar otra crisis macroeconómica en un futuro relativamente cercano.