Opinión

El plan ambiental de la Casa Blanca entusiasma al Sierra Club


 
"Antes de que sea demasiado tarde", Barack Obama retomó la iniciativa en materia ecológica, una de sus banderas de campaña electoral en 2008, y el martes lanzó en la Universidad de Georgetown, en Washington, un ambicioso plan que se ha ganado el voto de confianza de organizaciones tan influyentes como el Sierra Club, aunque otras creen que se queda corto ante el calentamiento global.
 
El programa del presidente norteamericano por primera vez establecerá límites --en 17%-- a la contaminación por dióxido de carbono que emiten las plantas de energía en operaciones y por construirse en el periodo 2005-2020. El 40% de dichas emisiones y un tercio de los gases de efecto invernadero proceden de reactores eléctricos, para los que ya se habían propuesto topes, aunque su aplicación se dirifió. De acuerdo al plan, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) anunciará un nuevo proyecto a fines de septiembre y para 2014, presentará una guía de regulación para los estados.
 
De la misma forma, Obama retoma su apuesta por el desarrollo de fuentes de energía renovable en terrenos federales. Para ello, detalla AP, espera que los medios eólicos y solares generen suficiente electricidad para el equivalente a 6 millones de hogares en 2020, duplicando la capacidad existente. También demandó que los proyectos federales de vivienda alcancen una generación de 100 megavatios para fines del decenio.
 
En ese orden, Washington garantizará préstamos por 8 mil millones de dólares para detonar la inversión en tecnologías como la "captura" de carbono, a fin de impedir que los gases de las plantas lleguen a la atmósfera. Adicionalmente, la EPA alistará nuevos estándares de eficiencia para vehículos pesados, la segunda fuente de emisión de gases de invernadero en el sector transporte luego de los automóviles, para los que ya se fijaron metas de aquí a 2025, aprovechando una tendencia favorable reflejada en la caída del consumo de derivados del petróleo (18.6 millones de barriles diarios) hasta su nivel más bajo desde 1997.
 
Conservacionista
"Este es el cambio que habíamos estado esperando", declaró en su primera reacción Michael Brune, director ejecutivo del Sierra Club, grupo fundado en 1892 por el conservacionista John Muir que ahora se ha trazado el objetivo de impulsar la energía limpia.
 
"Obama ha demostrado que mantiene su palabra para las generaciones futuras", agregó Brune, de 41 años y quien asumió el mando del Sierra Club en San Francisco, California, en 2010, tras una carrera en la que logró persuadir a la cadena Home Depot de cesar la venta de madera de bosques en peligro, además de escribir el libro Coming clean- Breaking America's addiction to oil and coal (2008, Sierra Club Books).
 
En su discurso en Georgetown, Obama abordó además el tema del polémico oleoducto Keystone XL, que llevaría el crudo de las contaminantes arenas bituminosas de Alberta, Canadá, a las refinerías de la costa texana del Golfo de México, proyecto que ya fue frenado para rediseñar su emplazamiento lejos de importantes mantos acuíferos. El mandatario aseguró que el Departamento de Estado lo aprobará sólo si no incrementa la generación neta de emisiones de carbono.
 
Con su iniciativa, Obama eludió la demanda que preparaban contra la EPA varios grupos ambientalistas, así como los procuradores general de diez estados, por la tardanza de la dependencia en limitar las emisiones de las plantas de energía, medida que aplazó desde abril. Ahora tiene otra vez de su lado al sector verde --aunque el Centro para la Diversidad Biológica consideró que su propuesta no responde con rapidez al cambio climático-- y así deberá mantenerlo, ante la dura reacción del lobby de los combustibles fósiles, que para su desmayo, ha experimentado en los últimos días la caída en más de diez por ciento de las acciones de algunas de las principales firmas mineras, como Peabody Energy, Alpha Natural Resources y Arch Coal.
 
Como era de esperarse, los republicanos expresaron que Obama declaró la "guerra" al carbón y el empleo. Puede apostarse que habrá demandas en los tribunales contra la EPA y las facultades que le concede la Ley de Aire Limpio, frente a las que la Casa Blanca tendrá que actuar con habilidad y tenacidad política.