Opinión

El peso está menos fuerte de lo que parece


 
Bien dice aquel adagio que todo es según el cristal con que se mira. Y hoy viene a cuento el tema por la fortaleza de nuestro peso.
 
Ahora nuevamente se habla del "superpeso", como ocurrió en los primeros años de la década pasada. Pero, ¿qué tan "súper" es?
 
La percepción de la fortaleza de nuestro patrón monetario respecto al dólar cambia según el punto de referencia que tomemos.
 
Van algunos ejemplos muy simples.
 
La cotización interbancaria al cierre de ayer, de 12.13 pesos por dólar, es 9.9% más fuerte que la que tuvimos al cierre de junio de 2012, pero apenas es 2.9% más respecto a la que había hace exactamente un año.
 
Vamos más allá para evitar los efectos de la volatilidad de la cotización.
 
Si nos remontamos a la paridad que existía hace exactamente seis años, tenemos una depreciación de nuestra moneda de 10.6%.
 
Se nos olvida, pero el peso en abril de 2007 estaba ligeramente por debajo de las 11 unidades.
 
Esto significa una devaluación promedio de 1.7 por ciento al año.
 
Así que, de acuerdo con estos parámetros, en realidad nuestro peso es menos fuerte de lo que en primera instancia creíamos.
 
Pero consideremos ahora la paridad que se deriva de las diferencias de los poderes adquisitivos de las monedas de México y Estados Unidos.
 
Si suponemos que en diciembre de 2006 había una situación de equilibrio, entonces resulta que para ajustarse a los diferenciales de precios en ambas naciones tendría que haberse dado una depreciación de 14.3% respecto a esa fecha.
 
Nuestra paridad frente al dólar el último día de 2006 fue de 10.81, así que la paridad teórica que deberíamos tener ahora, considerando el simple ajuste por los diferenciales de precios, sería de 12.36.
 
Es decir, ¡virtualmente la paridad que hoy existe!
 
No se puede negar el fuerte atractivo que los activos financieros en pesos han ejercido en el mundo, pero estamos lejos de tener una moneda cuya fortaleza rompa los parámetros.
 
Veamos otro comparativo. El salario promedio de cotización del IMSS, que en buena medida funciona como salario promedio en nuestra economía, fue equivalente a 638.5 dólares por mes al final de febrero.
 
En el mismo mes de 2007, ese indicador se ubicaba en 603.8 dólares. Es decir, el costo de la mano de obra mexicana en dólares subió sólo 5.6% en seis años.
 
O, si se ve en la perspectiva del trabajador, ganamos hoy en dólares una cifra muy parecida a la que percibíamos hace seis años.
 
Si tuviéramos una moneda tan fuerte que estuviera incrementando de manera importante los costos de producción en el país, seguramente México sería mucho menos atractivo para los inversionistas y el comportamiento de nuestro comercio sería muy diferente.
 
Si bien el dinamismo de nuestras exportaciones ha bajado, todo indica que se debe a la desaceleración de las compras del exterior y no al efecto de un peso caro.
 
Eso lo podemos observar fácilmente en el hecho de que México no ha perdido participación en el mercado estadounidense, sino que incluso la ha ganado.
 
La realidad es que el componente importado de nuestras exportaciones de manufacturas (las más importantes de todas) es tan alto, que las "importaciones baratas" compensan en una medida importante el impacto de las "exportaciones caras".
 
Lo que sí pega de manera directa en este dinamismo es la actividad de la economía.
 
Más allá de que Hacienda y el Banco de México en realidad estimen que el mercado debe fijar la paridad, no se han activado mecanismos como la compra de dólares por parte del banco central, porque se considera que no son indispensables.
 
El peso fuerte puede afectar algunas cuentas, pero está muy lejos de ser un factor que en este momento ponga en riesgo la dinámica de nuestra economía.
 
El tema de la volatilidad de los capitales es otra cosa y lo abordaremos en una próxima ocasión.
 
enrique.quintana@elfinanciero.com.mx