Opinión

El peso de las mujeres en los créditos bancarios

 
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Las mujeres, como sujeto de crédito, han mostrado ser buenas pagadoras; tanto, que algunas instituciones —principalmente enfocadas a atender a la base de la pirámide— han basado su éxito en darles financiamiento sólo a ellas.

Una mejor administración del recurso, si es que el dinero del crédito está destinado para instalar o hacer crecer su negocio; pago puntual del mismo y una mejora sustancial no sólo en sus vidas, sino en sus familias, es parte de las ventajas de prestarle hoy en día a una mujer.

Un ejemplo reciente es que en la Financiera Nacional de Desarrollo Agropecuario, Rural, Forestal y Pesquero se ha visto un cambio sustancial en quienes están ahora atendiendo el campo. Ese sector está pasando de ser un territorio atendido tradicionalmente por hombres a, poco a poco, incorporarse mujeres.

En el programa Pequeños Productores, del 20 de agosto de 2014 al 30 de septiembre de 2016, se otorgaron créditos por 19 mil 394.4 millones de pesos, que benefició a 217 mil 523 pequeños productores, de los cuales 55 mil 403 son mujeres, un 25 por ciento, cifra nunca antes vista en el sector rural. No sólo eso: el nivel de morosidad es menor al de la banca comercial.

Sin embargo, en un reciente estudio del Bankable Frontiers Associates, denominado “Un peso menos: Lo que nos dicen los diarios financieros acerca de cómo estructurar los servicios financieros adecuados para las mujeres de bajos ingresos”, informe auspiciado por Omidyar Network, revela que en los países en vías de desarrollo las mujeres se encuentran un 9.0 por ciento detrás de los hombres en el acceso a una cuenta bancaria y más lejos en temas de acceso al crédito.

Además de que mil 100 millones de mujeres en todo el mundo están excluidas del sistema financiero formal, y quienes han ingresado al sistema entran y salen dadas sus características laborales y de vida, por lo que una opción —han coincidido— es la creación de plataformas digitales para que puedan acceder y ser mejor atendidas, ya que en muchos casos sus hijos tienen teléfonos inteligentes en donde podrían tener acceso al sistema y mantenerse ahí.

El reto, estiman, es desarrollar servicios financieros específicamente diseñados para saldos y montos de transacciones más pequeñas.

El dar un servicio especializado a las mujeres no es algo nuevo en el sector financiero. Ahí está Banorte, que diseñó todo un plan para el género femenino sin que ya promocione como antes, pero que mantiene como oferta. También hay casos como el del banco Compartamos, en donde su principal éxito se lo debe a este segmento.

Hoy, con los datos de inclusión financiera y el plan que viene, se anticipa que habrá —ya sea de bancos o empresas fintech— plataformas especiales para atender las necesidades de servicios financieros de las mujeres, no sólo por avanzar en que tengan más acceso al sistema formal, sino que los números han mostrado que también pueden convertirse en un negocio rentable y seguro. Por lo pronto, la moneda está en el aire.

Twitter: @JLeyvaReus

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