Opinión

El pesimismo
y la esperanza

   
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ME Renzi llora. (Reuters)

Dos señales contrarias provienen de la Unión Europea este fin de semana. La derrota en Italia del referéndum propuesto por el primer ministro Renzi, que con el rechazo a su reforma se va del cargo y de la jefatura de gobierno. Una vez más aparecen las fuerzas conservadoras y nacionalistas que rechazan el cambio y, por lo menos, la apertura a escenarios distintos. Matteo Renzi proponía una reforma a la conformación del Congreso, reducir el número de representantes y otorgarles una función más “calificadora” que legislativa. Pretendía, para evitar burocracia, aprobar cambios a las leyes desde el propio gobierno, invadiendo por completo funciones exclusivas del Congreso.

La propuesta de Renzi podría ser ampliamente discutida, debatida, por los excesos gubernamentales al hacer a un lado al Legislativo y evitar con ello la engorrosa tarea de presentar iniciativas, debatir su conveniencia, convencer, conciliar, cabildear. Renzi quería un fast track y pasar por encima de todo el proceso en automático.

Los resultados son elocuentes: 60 por ciento dijo que NO a la reforma, mientras que 40 por ciento alcanzó el SÍ.

Lo interesante, más allá de los porcentajes electorales, está en las fuerzas que contuvieron el avance de la propuesta. Forza Italia, el partido de derecha encabezado por el impresentable Silvio Berlusconi, realizó campaña contra la propuesta logrando la movilización de seguidores en un segmento de mediana edad hacia arriba. Junto a ellos, la Liga Norte, una organización de inclinación neonazi, cerró filas con Forza Italia empujando un debate en defensa de las libertades y los derechos. Para cerrar la pinza, el Movimiento Cinco Estrellas (M5S) que encabeza un antiguo comediante populista conocido como Beppe Grillo, incendió las conciencias con el nacionalismo antieuropeo, acusando a las reformas de impulsar un gobierno grande y poderoso, centralizado en Roma, al servicio de la Unión Europea y renunciando a los derechos de las provincias. Este coctel fue aplastante para una reforma que proponía, por primera vez en Europa, la reducción de parlamentos excesivos, costosos, paralizados por la burocracia y las comisiones abundantes que impiden el avance ágil de propuestas e iniciativas.

Matteo Renzi con su juventud y su visión renovadora se marcha con la derrota ante las fuerzas más retardatarias de una Italia atrapada en el tiempo, que no puede crecer ni despegar económicamente. El primer ministro presentó su renuncia al presidente de Italia quien decidirá hoy martes 6 si la acepta y a quién designa para formar un nuevo gobierno. Muy probablemente tendrá que salir del propio gabinete de Renzi, pues es su partido el que mantiene la mayoría en el Congreso.

En contraste, la esperanza proviene de Austria donde el líder ecologista Alexander Van der Bollen triunfó en las elecciones presidenciales del domingo, después de una intensa campaña y una agria confrontación con el candidato del Partido Libertad, señalado como un abierto nacionalista-populista, muy cercano a ideas neonazis. El señor Norbert Hofer es un reconocido enemigo de la inmigración siria, xenófobo y habitual detractor de la Unión Europea. Su derrota representa aire fresco de esperanza, en un país donde el nacionalismo había cobrado extensos sectores de seguidores y adeptos.

Europa permanece en este debate continuo entre la eficiencia y utilidad de la Unión, el resurgimiento de los nacionalismos, las barreras y los argumentos antimigratorios.

El domingo surgieron ambas fuerzas expresadas en segmentos sociales distintos, en votaciones en Italia y Austria.

Mi pronóstico personal era justamente el contrario: Renzi salía vencedor en su referéndum, mientras que Austria se volcaba al neonazismo. Resultó justo el opuesto. Me alegra por Austria, lo lamento por Italia.

Twitter: @LKourchenko

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