Opinión

El pequeño gigante: pinceladas sobre un manglar

María de los Ángeles Mascott Sánchez

El pequeño gigante: pinceladas sobre un manglar
Soy de presencia elocuente, en el litoral resido.
No soy un árbol corriente pues tengo el tronco torcido.
Habito en el humedal, en agua dulce, o salada
despliego mi bejucal que es cedazo y barricada.
Mis raíces dan alojo y sirven de incubadora
al pargo y al colirrojo, a crustáceos y a otra flora.
En el ciclo de la vida soy personaje importante.
Con mi raigambre tendida soy un pequeño gigante.

Andrés Díaz Marrero

Hace unos días tuve la alegría de recibir a una “exótica” amiga (calificada así por muchos, al ser paquistaní) que -luego de 10 años de amistad- me visitó en México. ¡Hacía tanta falta el descanso! Y más, el estímulo que dan los colores, olores e imágenes de México. Así ¿cómo no darle vuelta a la cotidianeidad? El cansancio y a la rutina desaparecen con la compañía y la sorpresa ante tal belleza en cada rincón de Oaxaca. ¡Tanto que ver y hacer! La “joya” en este viaje: el parque nacional La Ventanilla.

El recorrido comienza con una caminata de 10 minutos en la playa, para llegar a la laguna. Luego, una lancha de remos, un guía local y ¡toda una explosión de vida! Un manglar con más de mil 800 cocodrilos, cientos de tortugas, garzas e iguanas, aves de todos los colores, algunos venados de cola blanca y miles de peces. También, un proyecto de conservación de la fauna y flora, en donde conviven los viveros y los animales rescatados del comercio ilegal y de la irresponsabilidad.

La Ventanilla es un proyecto creado y administrado por 25 familias de ejidatarios y comuneros que, por medio de una cooperativa, promueven el turismo sustentable y, así, el bienestar presente y futuro de sus familias. El único -magro- apoyo federal que reciben proviene de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI).
Su creatividad y apego a la tierra da cátedra. ¡El guía -ejidatario- que nos llevó sabe tanto!

A los paseos en lanchas sin motor, las 25 familias suman el trabajo y el compromiso de rescatar el manglar luego de la destrucción que el huracán Carlotta causó en 2012. En el vivero hay varios cientos de plantas que los ejidatarios y comuneros cultivan “para ayudar al manglar” y en los campos aledaños siembra de frijol y soya que, además de alimentar a los animales rescatados, complementa el sustento de sus familias.

La caminata en “la isla”, al término del trayecto en lancha, genera verdadero placer. Cocodrilos e iguanas al sol. Periquitos cantando poco antes de su liberación, ya curados del corte de alas a las que los sujetaron los captores. Un mono araña gracias al cual aprendí que ellos ¡usan 5 brazos! (la cola, el quinto). Tres criaderos que son ejemplo de éxito: de venados de cola blanca, de cocodrilos y de tortugas ¿han visto un cocodrilo de menos de un año? ¡Hermoso! ¡Busquen al pájaro “mueve colita”!

La Ventanilla alberga también un paisaje que muchos calificarían de desolado. Carlotta secó 70 por ciento del manglar, que tomará al menos 20 años reparar. Pero “pintó” una inmensa y maravillosa imagen: cientos de hectáreas de manglar, árboles con troncos torcidos, en blanco. Y, en medio de ellas, cocodrilos, tortugas, peces, garzas, todos en plenitud de vida.

No puedo dejar de dolerme por quienes perdieron la fuente de sustento. Por ello, celebro aún más la fuerza de un pueblo, como el oaxaqueño, que restituye el manglar y vive de él con respeto a la vida. Quizá una serie de fotos del inmenso bosque teñido de blanco pudiese ser otra opción. Al final, en blanco y negro viven los poetas.