Opinión

El peligro de ser Trump

    
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Donald Trump

El verdadero Donald Trump se ha revelado. Hasta ahora, ser o no ser Trump era el dilema del presidente número 45 de los Estados Unidos.

Su base -enojada, poco educada y predominantemente blanca- ha querido que sea el anti-político grosero, impredecible y populista. Su Partido Republicano, especialmente los archi-conservadores, quienes lo ven como vehículo para imponer su agenda, ha insistido en que tiene que ser contenido y disciplinado.

Después del acto racista de Charlottesville, Virginia del pasado sábado 12 de agosto, hay consenso en que no se le puede dejar ser.

En su reacción al acto racista, Trump fue, no fue y fue él mismo. El mismo sábado Trump salió a condenar la violencia, culpando a los dos lados que se enfrentaron: “Condenamos en los términos más enérgicos esta flagrante manifestación de odio, fanatismo y violencia en muchos lados”. El problema fue que no culpó a los racistas blancos nacionalistas que incitaron la violencia. Después de muchísima presión, incluyendo influyentes republicanos, el lunes pasado, Trump salió nuevamente a intentar remediar los daños. En esta ocasión Trump no fue él mismo. Se disciplinó y leyó su discurso, palabra por palabra, y denunció a los grupos racistas: “el racismo es malo -y aquellos que causan violencia en su nombre son criminales y asesinos, incluyendo al Ku Klux Klan, neonazis…”.

Sin embargo, su incapacidad de aceptar un error, y su disgusto de ser “manipulado” por su propio equipo, presagiaba que no sería el final del asunto.

El pasado martes, Trump volvió a ser Trump y se descarriló. En su más puro estilo alegó un relativismo moral falso: que los liberales, la alt-left -la izquierda alternativa (liberales radicales)-, embistió al grupo alt-right -derecha alternativa (nacionalistas blancos)-, quienes “protestaban de una manera ordenada”.

Trump siendo Trump es un fenómeno político extraordinario. Un efectivo comunicador que prende a las multitudes en sus rallies políticos y que sabe que siendo un bravucón, especialmente con la clase política, genera adoración en su base.

Pero en esta ocasión, Trump se fue de bruces porque una cosa es atizarle a México o a cualquiera de su equipo y otra es consentir a un grupo de racistas y supremacistas blancos.

Trump siendo Trump ha calentado los ánimos de los nacionalistas blancos y de los movimientos hostiles al alma americana -mezcla de migrantes de todos los rincones del mundo. Propios y extraños, es decir, republicanos de la talla de Orrin Hatch, senador de Utah, o bien la nueva estrella demócrata del senado, Kamala Harris, descalificaron sin embragues al mandatario.

Si lo dejan ser, Trump acabará con el espíritu estadounidense y la ingeniería social de los últimos 70 años. Estados Unidos es el país más poderoso y rico del mundo, en buena medida, porque desde los años 60 se planteó con seriedad insertar a los negros que, hoy incluso llamamos afroamericanos, y porque ha integrado exitosamente a tres grandes y distintas migraciones, la europea durante las primeras décadas del siglo XX, la latinoamericana y principalmente mexicana de los años 60 al 2010, y actualmente a los asiáticos, compuestos mayoritariamente por chinos e indios.

¿Es Trump un racista y representa una amenaza al estilo Adolfo Hitler?

Su defensa al movimiento alt-right, su nexo con Steve Bannon, y su historia como uno de los principales promotores del movimiento Birther -que buscaba quitarle legitimidad al presidente Barack Obama negando que había nacido en los Estados Unidos-, me llevan a pensar que sí cree en la superioridad de la raza blanca. Trump es un racista primitivo igual que su base blanca. Tenemos que reconocer que ganó en gran medida por los votos de quienes consideran que su cultura (blanca) está bajo ataque y deben protegerse.

No me parece que Trump tenga la sofisticada ideología ni la perversidad de Hitler. El Führer desarrolló toda una cosmovisión del mundo con los arios a la cabeza. Además, para nuestra fortuna, Trump no ha mostrado la competencia de Hitler.

Trump ha demostrado ser un ego maniático y un autoritario. Un político que aborrece las ataduras de la democracia; los pesos y contrapesos del congreso y las cortes, de los medios de comunicación y la procuración de justicia para todos.

Si lo dejan ser, Trump acabará con la Constitución de su país que establece un equilibrio magistral de poderes y contrapesos.

Si lo dejan, Trump emulará a los tiranos contemporáneos, Vladimir Putin o Recep Tayyip Erdogan. Pero será infinitamente más poderoso que ellos.

Twitter: @RafaelFdeC

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