Opinión

'El Payo' cruzó la raya

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El Payo

Viernes 1 de mayo
La Monumental lució un lleno espectacular en tarde soleada de ambiente ferial y gran expectación durante el fin de semana más importante del año, taurinamente hablando. Cuatro días, cuatro figuras hispanas y lo mejor de los mexicanos ante ganaderías de primera.

Morante de la Puebla es un genio del toreo moderno. Nadie es capaz de torear como él, con la expresividad que aglutina la historia de este arte siglos atrás. Verle torear es como repasar un libro de tauromaquia; su modernidad basada en las raíces del toreo y el conjunto visual que logra toreando son una experiencia única para el aficionado y el público en general.

Durante su paso por esta feria hay que diferenciar muy bien la suerte en el sorteo con el deseo de crear. A Morante no le embistió ningún toro, no hubo lienzo para que el Maestro pintara el toreo.

El Payo estuvo formidable en sus dos toros. Pisó terrenos que no cualquier torero es capaz de pisar y además dibujó el toreo con ritmo, suavidad y la pureza que emana del correcto manejo de capote y muleta; son estos avíos extensiones de las yemas de sus dedos, su cuerpo es el instrumento entregado a la geometría de la embestida de los toros, tengan estos voluntad o no para hacerlo. Su entrega fue total y la del público en correspondencia a la magia del contacto emocional del torero con el espectador. La locura. Dos estoconazos y dos orejas, salida a hombros.

El Payo cruzó la raya imaginaria de los grandes toreros, se metió en los terrenos de Ojeda y Tomás con la pureza de los Ordóñez.

Diego Silveti vive una transformación hacia la madurez. Su primero fue un toro bueno, mucho tuvo que ver la forma en que Diego fue capaz de torearlo con la muleta, logrando un tranco más en la embestida que no tuvo el toro con el capote. Diego estuvo correcto, elegante y sin perder su esencia. La espada se fue baja y quedó en aplausos lo que era de oreja. Al toro del Lic. Bailleres se le dio arrastre lento merecido. La madurez a cambio de la novedad, es la mejor carta del toreo de Silveti.

Sábado 2 de mayo
La tarde que todos querían vivir
Fue un hervidero Aguascalientes. Gran ambiente en los hoteles, restaurantes y feria, lleno todo a reventar, impresionante derrama económica alrededor del evento y el sueño de ver torear al Maestro José Tomás que aparece poco en los ruedos, pero que sin duda marca diferencias.

Mano a mano de toreros: Zotoluco y José Tomás. Una de las figuras de México, consolidado Maestro es el de Azcapotzalco, esta tarde vino como un reconocimiento por parte de la empresa Espectáculos Taurinos, propiedad del Lic. Bailleres. Montaron una feria histórica con lo mejor de lo mejor y los resultados ahí están. En las ganaderías el mano a mano fue entre Los Encinos, propiedad de Eduardo Martínez Urquidi, y el hierro, de Fernando de la Mora. Seis toros bien presentados, cuajados en kilos y serios de pitones.

Zotoluco abrió plaza y estuvo enorme con un toro imponente de De la Mora, lo entendió a la perfección y le cuajó una faena con temple y ritmo, mostrando que no venía de comparsa, que venía por el triunfo. Así estuvo con sus tres toros, en Maestro, el manejo ineficiente de la espada le privó de cortar por lo menos dos orejas en la tarde. De lila y oro, Zotoluco dejó en el ruedo su sapiencia y tauromaquia, lástima grande de la espada.

José Tomás es un fenómeno social taurino; hace cinco años estuvo a punto de dejar la vida en esta plaza en los pitones de Navegante de De Santiago. El hispano despierta admiración y respeto, su personalidad es muy fuerte y se escuda en la máxima discreción. No da entrevistas a medios, torea poco y cuando lo hace es capaz de mover masas de todo el mundo para irlo a ver.

¿Qué esperábamos de su regreso? ¿Torear más cerca, más despacio?
Solemne y parco, pero elegante, muy torero. A sus tres toros los lidió con estos planteamientos: quietud, colocación y una suavidad en el manejo de los vuelos de capote y muleta, que cuando entran en ritmo perfecto con la embestida provocan la belleza absoluta del toreo.

Cabe mencionar que había gran predisposición por parte del público y eso abre los canales de comunicación a la sensibilidad entre torero y público. Su primer toro fue de Los Encinos y tuvo lo que los toreros llaman peligro sordo. Tomás le pudo a base de arriesgar y apostar logrando momentos de alto valor taurino. Espadazo y oreja.

Su segundo fue de De la Mora y con él estuvo colosal. Paso a paso y con ritmo embestía el toro. Tomás lo toreó increíblemente despacio. Naturales interminables, los olés eternos y la emoción a flor de piel. Estocada entera y dos orejas, vuelta al ruedo clamorosa.

El sexto de la tarde fue de Los Encinos, un toro guapo, serio, que se movió mucho y que permitió a Tomás lucir su tauromaquia, emoción por la alegría del toro para embestir con la quietud y ritmo de Tomás para torear. Pinchazo y estocada. Faena que debió ser de oreja.

Salida en hombros de José Tomás ante el clamor de 14 mil almas que hicieron de esta tarde un evento histórico y nos recuerdan que La Fiesta está viva.

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