Opinión

El pastor del odio

   
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Donald Trump

La escena más brutal de la película Historia Americana X es el momento en el que Derek Vinyard (Edward Norton) obliga a un afroamericano a morder la banqueta y lo asesina con una patada en la cabeza. Esa escena marcó a mi generación, pero nos mostró algo que creíamos lejano o extinto: la existencia en Estados Unidos de grupos de neonazis, radicales obsesionados con la supremacía blanca a finales del siglo XX.

En general, la cinta es sobre la vida de decenas de jóvenes adoctrinados por un pastor del odio que los introducía a himnos racistas. Hace 20 años nos lo advirtieron y nadie creyó que el “pastor del odio” llegaría a la Casa Blanca. Lo ocurrido el sábado pasado en Charlottesville, Virginia, es la normalización del racismo. Es cierto, el odio no nació con Trump, pero se sintió libre.

Desde los discursos de su campaña, Donald Trump ha alentado la agresión hacia lo que considera diferente y, por tanto, indigno de una Norteamérica que dice que “se debe recuperar”. Aquí ejemplos de un racismo, machismo, xenofobia e intolerancia que ha despertado aquel que, por su investidura presidencial, es considerado el hombre con más poder en el ‘mundo libre’:

–En enero de 2016, un año antes de llegar a la Casa Blanca, cuando apenas aspiraba a ser el candidato republicano, Donald Trump dijo en Iowa: “podría pararme a mitad de la Quinta Avenida y disparar a gente y no perdería votantes”, refiriéndose a la lealtad de sus votantes y mostrando su rostro egocentrista en el máximo resplandor.

–En junio de 2016, después del atentado en la discoteca en Orlando, Florida, donde al menos 50 personas de la comunidad LGBTTTI fueron asesinadas, Trump repitió que siendo presidente pediría “el bloqueo completo y total a la entrada de musulmanes en EU”, generalizando un estigma contra miembros del islam, que no pertenecen a ISIS, y reproduciendo los discursos de odio que se intensificaron luego del 9/11.

–El machismo también es característico de la forma de pensar del presidente republicano; un ejemplo fue en octubre de 2016, cuando el diario The Washington Post reveló grabaciones en las que Trump hablaba vulgarmente de las mujeres y decía: “me atraen las mujeres bonitas automáticamente. Comienzo a besarlas, es como un imán, no puedo ni esperar (...). Y cuando eres una celebridad te dejan hacer lo que quieras, puedes hacer lo que quieras (...). Agarrarlas por el coño. Puedes hacer de todo”. En lugar de retractarse, el entonces candidato alegó que Bill Clinton le había hecho referencias peores y que a él no lo estaban criticando.

–Luego del histórico acercamiento entre Cuba y Estados Unidos conseguida en un acuerdo por Barack Obama, Trump, ya como jefe de Estado, canceló las negociaciones que llamó ‘terribles’ y dijo: “ahora nosotros tenemos las cartas. La administración anterior levantó restricciones que no ayudaron a los cubanos, sólo enriqueció al régimen cubano”.

–Recientemente, apenas hace una semana, los discursos de Trump han pasado del discurso intolerante a la amenaza que pone en riesgo la estabilidad del mundo. Su objetivo: Norcorea, donde el líder no es más tolerante que el americano. “Es mejor que Corea del Norte no vuelva a amenazar a Estados Unidos. Si lo hace, encontrará un fuego y una furia que el mundo jamás ha visto”, dijo en Nueva Jersey.

–Y, por supuesto, México, el vecino al que pretende dominar, con mexicanos que ha tachado de ‘violadores’ y ‘narcotraficantes’. Los bad hombres a los que quiere ‘ayudar a eliminar’, y con lo que justifica el endurecimiento de sus políticas migratorias. “Cuando México envía su gente, no envían a los mejores. Envían gente que tienen muchos problemas”, dijo. Según Trump, los inmigrantes mexicanos “traen drogas, crimen, son violadores y, supongo que algunos, son buenas personas”, dijo, sentenciando a nuestros países a complicadas relaciones diplomáticas los próximos cuatro años, al menos.

El miércoles 5 de noviembre de 2008, en su edición 54 mil 485, The New York Times publicaba a un sonriente Barack Obama con la siguiente noticia de ocho columnas: “Racial barrier falls in heavy turnout” (Cae la barrera del racismo en una participación histórica), tal vez la portada más equivocada del diario estadounidense en la última década. El racismo no cayó, se calló, lo único que necesitaba para gritar de nuevo era alguien que lo legitimara, alguien que les dijera que había que “hacer a América grande de nuevo”, que en cada uno de sus discursos les recordara que debían tomar lo que era suyo. Patético siglo XXI para Estados Unidos.

Twitter: @jrisco

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