Opinión

El paso del tiempo

Hasta hace un par de siglos, la legitimidad de los gobiernos derivaba de la religión. Aunque eso empezó a cambiar desde el siglo XVI, es hasta la Revolución Francesa que el poder puede alcanzarse sin la ayuda de la iglesia, o incluso en su contra. En términos políticos, ahí inicia la muerte de Dios. Sin embargo, durante buena parte del siglo XIX el centro del conflicto político es precisamente entre quienes creen que el viejo régimen debe permanecer, por eso llamados conservadores, y quienes creen que es necesario liberarse de él, los liberales.

Los resultados económicos y sociales dan la razón a los liberales, pero la necesidad humana de la trascendencia dio lugar a un nuevo conflicto, ahora entre liberales vs cuasirreligiones: nacionalismo y comunismo. Primero los nacionalismos y luego el comunismo se oponen a los liberales. Ambos son derrotados, los primeros en la guerra, los segundos en el mercado. Este domingo se cumplirán 25 años de la caída del Muro, inicio del fin del comunismo.

Pero cada cierto tiempo, curiosamente cada 30 - 40 años, vivimos un momento definitorio. Las revoluciones estadounidense y francesa, la caída de Napoleón, las revoluciones de 1848, los años del populismo estadounidense en la década de 1890, el nacionalismo violento de los años treinta, la recomposición de los setenta y el momento actual ocurren más o menos con esa periodicidad. En la teoría de Ortega y Gasset, son dos generaciones de distancia.

En el primer periodo ocurre la irrupción liberal, que se mediatiza en el siguiente, dando lugar a la crisis de mediados del XIX. Le sigue un tiempo de “redistribución”, que se convierte en populismo y derrumbe de las élites, alcanzando la peor de las locuras en los años treinta: fascismo, nazismo, las purgas de Stalin. El periodo de guerra fría y liberación nacional llega a su clímax en la década de 1970, de donde surge la nueva globalización y la transformación que nos lleva al día de hoy.

En cada momento, hay un conflicto central que determina la lucha política: la ruptura con la legitimidad divina (1775-1815), la aparición de la clase obrera (1815-1848), su transformación en actor político (1848-1890), la desaparición de las viejas élites (1890-1930), el enfrentamiento con cuasirreligiones (1930-1970), la segunda globalización (1970-2010). En los dos primeros momentos, el conflicto político es alrededor de un Estado que se retira; en los siguientes tres, el ascenso de los trabajadores; el último, la desaparición de los mismos. Cada momento siembra dificultades para los que siguen. El penúltimo creó un mecanismo contra las cuasirreligiones, el Estado de bienestar, que ofrecía una versión del paraíso de aquéllas en el presente. Por eso las derrota, pero se convierte en el conflicto de los últimos años.

Ahora el conflicto político no es entre conservadores y liberales, o entre trabajadores y empresas, es entre quienes tienen que pagar impuestos y quienes reciben beneficios. En el mundo desarrollado: jóvenes que tienen que cubrir las pensiones de los viejos. Eso es lo que ocurre hoy, como muestra la encuesta de El País en España este fin de semana y como creo que se reflejará en las elecciones de mañana martes en Estados Unidos. De todo ello le comentaré el jueves aquí mismo.