Opinión

El pase automático

 
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Informe

El procurador Raúl Cervantes sabe que no podrá ni deberá aceptar un pase en automático como fiscal general de la República desde su actual posición. Es evidente el malestar que este movimiento generaría no sólo en la clase política sino en la sociedad toda en su conjunto.

Parece una obviedad que si se quiere mantener la independencia y autonomía de un ente encargado de luchar contra la criminalidad, este ente tiene que tener la legitimidad de ser aceptado por todos. Norberto Bobbio decía en sus obras que el poder no sólo debe tener sustento legal sino –y principalmente- sustento moral, por virtud del cual los gobernados acepten de buena gana las decisiones de los poderos al contar éstos con una legitimidad a ojos de la sociedad. Este no será el caso de Cervantes en caso de quedar como fiscal general de la República, figura por demás indispensable en la consolidación de nuestra muy floja democracia en la que los intereses de grupo tienen mayor peso que los intereses nacionales.


La ecuación es muy simple: Los que atacan a Cervantes y lo motejan como el 'fiscal carnal' argumentan –no sin razón- que su pase directo o automático daría al traste con la figura de autoridad que requiere de legitimidad social para el combate a todo el crimen federal, entre lo que se cuenta la corrupción en el gobierno de la República.

Los argumentos se basan en hechos en su actuación como procurador general de la República, en que ha hecho caso omiso a muchos casos de corrupción tales como el de Odebrecht o en el de los exgobernadores actualmente en procesos penales cuya denuncia y captura tuvo que venir del extranjero. Es verdad que la actuación de Cervantes como procurador general ha sido –por decir lo menos- bastante mediocre. Este senador con licencia, que aspiró a ser ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y no pudo lograrlo, por tener consenso… en su contra, ahora parece intentar ir en pos de la Fiscalía General y servir –a decir de algunos- como tapadera de la administración peñanietista en el futuro.

La verdad es que parece ser una desaseada maniobra política priista para comprar su impunidad en el futuro y, sin embargo, no parece tener ningún sentido. Enrique Peña Nieto le entiende muy bien a la política y en este caso se trata de movimientos políticos y nada más. Es obvio que Cervantes no podrá acceder al cargo de fiscal general por no contar con la simpatía social y, a pesar de ello, la bancada del PRI en el Congreso parece impulsar su permanencia contra viento y marea.

Los priistas están muy curtidos en estas lides y saben que si imponen su voluntad en lo tocante al fiscal, el electorado se los cobrará muy muy caro en 2018. Así que todo este brete parece más una acción perfectamente planeada por parte de quien manda en el PRI a efecto de obtener lo que está obteniendo: una división en la oposición, un PAN débil y fracturado que no tendrá peso en las elecciones federales en las condiciones actuales.

Se especula que la verdadera intención del PRD en el Frente Amplio Democrático es que el PAN ponga candidato a la presidencia de la República y ellos se queden con la Ciudad de México y la Fiscalía General. Nada mal para un partido en caída libre. Pero no contaban con el PRI que hará hasta lo imposible por que el nombramiento de fiscal se dé antes de las elecciones y sabe que no será Cervantes, sino otro no tan públicamente ligado con el grupo en el poder. Así parecerá un triunfo del PAN, una derrota del PRI y posiblemente, una división del Frente Amplio… pero el verdadero ganador será Enrique Peña Nieto.

Twitter: @carlosjaviergon

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