Opinión

El pasado no está escrito


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Terminator

Según mi amigo el Internet, la continuidad retroactiva es la alteración de hechos previamente establecidos en una obra de ficción. Para no hacernos bolas al entender el concepto, recordemos el giro de tuerca al final de The Empire Strikes Back, y cómo cambió lo que creíamos saber de Luke Skywalker.

He ahí un uso célebre de continuidad retroactiva: que Darth Vader fuera el padre de Luke le dio una dimensión trágica a la saga. Pero la efectividad de esa confesión es inusual. Retocar el pasado puede arruinar personajes y, en casos más extremos, como el de Terminator Genisys, anular películas enteras: basta abrir el expediente y echarle un ojo a los crímenes de quienes meten mano en la línea del tiempo de su obra.

En el capítulo The Principal and the Pauper de la novena temporada de The Simpsons, el pueblo de Springfield se entera de que Seymour Skinner, el director de la escuela primaria, realmente es un hombre llamado Armin Tamzarian, que robó la identidad del verdadero Skinner en la guerra de Vietnam. Para Matt Groening, el creador de la serie, The Principal and the Pauper es uno de los peores capítulos (menuda declaración para un programa con 574 episodios); y en opinión de Harry Shearer, que hasta hace poco daba voz al director, el episodio traicionó a la audiencia, cambiando la biografía de uno de sus personajes más populares con un brochazo innecesario. The Simpsons ha intentado enmendar el error, pero el daño quizá sea irreversible. A partir de The Principal and the Pauper, Skinner y Tamzarian son uno solo. Con esa información en mente, ¿cómo confiar en lo que el pobre Seymour nos ha dicho de su vida de la primera a la novena temporada?

Ese es el problema con la continuidad retroactiva: no hay vuelta atrás. Entre los muchos delitos de George Lucas, el creador de esa atrocidad llamada Jar Jar Binks, los más graves son las alteraciones que sus precuelas le asestaron a la trilogía original. ¿El misterio de la fuerza? Resuelto y contabilizado a través de los gérmenes midiclorianos. ¿La infancia de Darth Vader? Concebido sin pecado, por una santa, cual Mesías intergaláctico. ¿Su romance con la mamá de Leia y Luke? Más cursi que la telenovela de las ocho. Desgraciadamente, una vez que vemos las precuelas de Star Wars no podemos olvidarlas. Conocer a Anakin Skywalker transforma a Darth Vader. Ese Jedi mirrey, alérgico al sentido del humor, haciendo berrinches frente a Yoda, le roba misterio y alma al gran villano de mi infancia.

Nadie había abusado de la continuidad retroactiva como George Lucas, hasta que Genisys llegó a arrebatarle el puesto. Sin ahondar en detalles (explicarles la trama requeriría un periódico completo), la última Terminator elimina a todas las películas anteriores a ella. La saga de James Cameron arrancó con dos clásicos: la primera, una cinta de acción de bajo presupuesto, visceral y compacta, y la segunda, un espectáculo de efectos especiales, famosa por invertir roles, convirtiendo a la víctima en guerrillera y en protector al monstruo. Como experiencias cinematográficas, siguen intactas. A diferencia de Lucas, que tuvo el mal gusto de manipular el orden y el aspecto de algunas escenas de la trilogía inicial, Cameron no ha tocado Terminator ni Terminator 2. Pero eso no significa que estén a salvo. En la confusa narrativa de su universo, ninguna de las dos ocurrió. La historia que cuentan no está en el pasado o el futuro. A partir de Genisys dejó de existir.

Sarah Connor, la heroína de Terminator, asegura que el futuro no está escrito. En la ficción, el pasado también está en movimiento. Un solo dato como el de Skinner puede cambiar cómo vemos a un personaje. Una sola película puede arrasar con otras cuatro. A la continuidad retroactiva hay que manejarla con cuidado.

Twitter: @dkrauze156

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