Opinión

El pasado, el presente y ¿el futuro?

 
1
 

 

Enrique Peña Nieto

Promisorio comienzo de la gestión del Presidente Peña Nieto cuando tomó el cargo. Efectivamente, no recordamos en la historia reciente algo similar: un Pacto que involucró a los principales partidos políticos y fijó ruta para el futuro del país, pacto que un amplio grupo de ciudadanos habíamos promovido, sin éxito, desde años atrás. Reformas estructurales de gran calado, derivadas de ese Pacto, que le daban sustento con visión de largo plazo. Buen comienzo, sin duda en el que muchos ciudadanos forjamos nuestra esperanza.

¿Qué deseamos en esencia? Podemos hacer una larga enumeración de lo que queremos, pero si fijamos prioridades y las reducimos a dos, podemos aseverar que la mayoría de los mexicanos queremos: 1) Desarrollo económico generador de empleos dignos y oportunidades, y 2) Seguridad para los ciudadanos, lo que conlleva una drástica reducción de la violencia.

El cumplir con estas dos prioridades generaría Confianza, así con mayúsculas, en el régimen y esta confianza permitiría el desarrollo de una economía sana que atrajera capitales tanto nacionales como extranjeros y generara como consecuencia las tan ansiadas y necesarias fuentes de trabajo. Se alcanzaría el tan deseado “Momento de México”, lo que permitiría alcanzar el sueño de muchos mexicanos, entre los que se encuentra él que esto escribe: una reducción drástica de la pobreza y la desigualdad.

Se vale soñar, pero el sueño se fue por la borda. Fue simplemente eso, un sueño. La corrupción e ineptitud de un buen número de nuestros gobernantes es manifiesta, y la corrupción, a fuerza de ser sinceros, no sólo se encuentra en gran parte de la estructura del sector público, sino que es un cáncer que corroe a toda la sociedad. El viejo dicho de que “el que no transa no avanza” se ha institucionalizado, pero ahora agravado de manera peligrosísimas debido a la incorporación del crimen organizado.

Nuestra economía continúa con un crecimiento raquítico: 1.4%, 2.1% y 2.4% en los tres últimos años, lo que se traduce en una escasa y precaria generación de empleos y en el aumento de la pobreza en los dos últimos años en 2 millones más de pobres, según informe de la Comisión Nacional para la Evaluación de la Política Social (CONEVAL).

La seguridad se ha visto golpeada por hechos que han conmovido a la sociedad: Tlatlaya, Ayotzinapa, la fuga del Chapo Guzmán con la necesaria complicidad de sus guardianes, y muchos otros casos que sería largo enumerar, entre los que se encuentra lo sucedido en Tamaulipas, en Michoacán, en Morelos y, naturalmente, en Guerrero.

Todo lo anterior ha ocasionado un desplome en la calificación del trabajo del Presidente Peña Nieto, según encuesta publicada recientemente por el periódico Reforma: de alcanzar una calificación más que aceptable de 7.1 puntos en abril del 2013, obtiene actualmente una calificación de 3.7.

Todo muy bien, o mejor dicho, muy mal ¿Qué debemos hacer? La solución de un problema empieza por su diagnóstico y eso hemos intentado en este apretadísimo resumen, pero ahora debemos apuntar a las soluciones, partiendo de la premisa de que la crítica es mucho más sencilla que la generación de propuestas para solucionar los problemas.

Hagamos un intento al mismo tiempo simple y profundo.

1.- Apoyemos al Señor Presidente y a su equipo de trabajo a través de nuestra participación y exigencia razonada. Reconozcamos sus aciertos y no sólo sus errores.

2.- Señalemos con dedo de fuego a los funcionarios y ex funcionarios cuyo comportamiento corrupto ha sido o es evidente. Pasemos de la “charla de café” a la indignación manifiesta.

3.- No participemos en acto alguno de corrupción y tengamos el valor de denunciar los hechos cuando éstos se presenten.

4.- Definamos con claridad el México que queremos y al que nos comprometemos a empujar y transformemos nuestra propuesta en exigencia a quienes pretendan ocupar la Presidencia dentro de tres años. Comparemos su programa con el nuestro y hagamos manifiestas las diferencias y las coincidencias.

5.- Analicemos la congruencia entre las propuestas de los candidatos a la presidencia y su actuar en la vida real. Revisemos su pasado y veamos si éste avala su discurso o lo contradice. Revelemos la charlatanería a la que son tan afectos los políticos.

6.- Exijamos un proceso electoral ejemplar y apoyemos al triunfador haya sido o no nuestro candidato.

Todo lo anterior se dice fácil ¿verdad? Pero para lograr ese cambio tan trascendente antes necesitamos lograr otro, el más importante: el cambio en nosotros mismos para pasar de meros habitantes de nuestra localidad, críticos contumaces de los acontecimientos, a ciudadanos responsables dispuestos a poner lo mejor de nosotros mismos, dentro de nuestras posibilidades, para alcanzar el país que todos deseamos.

Líderes, líderes y líderes es lo que necesitamos. Líderes capaces de hacer suyos todos estos programas u otros más ambiciosos aún y arrastrar con su ejemplo a aquellos que aman a su país y están dispuestos a luchar por él. Si todos ponemos nuestro grano de arena y damos el ejemplo, México será otro. Los arquitectos de este nuevo país no serán los políticos tradicionales sino los ciudadanos que acepten la responsabilidad de ser verdaderos ciudadanos y no sólo habitantes de su localidad, ciudadanos a quienes los políticos están obligados a cumplirles.

Mañana será otro día.

Presidente de Sociedad en Movimiento.

También te puede interesar:

Don Lorenzo

París, la Ciudad Luz, golpeada por el fundamentalismo islámico

Confianza ¡qué importante eres!