Opinión

El pasado desde el futuro

  
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¿Por qué importa el TLCAN?

Si una de las formas de predecir el futuro es suponer que se parecerá al pasado, entonces entender el pasado resulta muy importante. Y aunque usted no lo crea, el pasado cambia con el tiempo. En las últimas décadas, la cantidad de conocimiento que se ha generado es de tal magnitud que buena parte de lo que sabíamos ha sido superado o corregido. Entre tantas cosas que ahora entendemos mejor están los datos económicos.

Eso es importante para proyectar lo que puede ocurrir. Si usted, por ejemplo, mantiene la creencia de que México prácticamente no ha crecido nada durante la época neoliberal, entonces su estimación de lo que pasará en el futuro será muy negativa. Pero si usted decide investigar, y observa los datos, entonces sus expectativas cambiarán mucho.

Utilizando la información de las Penn World Tables (versión 9), resulta que el crecimiento económico por habitante en México desde la firma del TLCAN (y hasta 2014) ha sido de 1.9 por ciento anual. No es un mal dato, porque resulta que en épocas previas las cosas no fueron tan buenas como usted recuerda, porque así lo aprendió de niño. Para poder comparar es muy importante definir bien las épocas. Tradicionalmente, lo que hizo el régimen de la Revolución fue establecer como periodo de comparación lo ocurrido entre 1940 y 1982. Se entiende, porque antes de 1940 las cosas estuvieron más bien feas, y después de 1982, usted lo recuerda, horribles. El asunto es que ese corte deja de lado los grandes costos de la Revolución (25 años de estancamiento total) y de los abusos de su régimen (la década perdida no cayó del cielo).

Puesto que en 1965 terminó la época en la cual se podía crecer extendiendo el territorio (es decir, sembrando terrenos hasta entonces ociosos), y en ese año empezamos a contratar créditos externos para compensar esa falta de crecimiento, permítame usar ese año como punto de corte. De 1965 a 1993, es decir, incluyendo la “docena trágica” y el tiempo que tardamos en pagar sus excesos, el crecimiento económico por habitante en México fue de 1.6 por ciento anual. No el 3.0 por ciento que a usted le dijeron, y que calculaban eliminando los costos de las locuras de Echeverría y López Portillo.

Bueno, y si nos vamos más atrás, el crecimiento promedio per cápita de 1911 a 1965, que incluye el famoso “desarrollo estabilizador”, pero también la tragedia de la Revolución, apenas llega a 1.4 por ciento. Para este cálculo utilizo la información de Maddison, que cubre un periodo mucho más amplio. Por cierto, la única época en que México ha crecido más que hoy, con esta periodización, es el Porfiriato. De 1890 a 1911 el crecimiento per cápita alcanzó 2.7 por ciento. Para no dejarlo con la duda, de 1820 a 1911 el crecimiento por habitante promedia 1.1 por ciento anual, resultado del estancamiento total de 1820 a 1870, y luego el crecimiento.

Bueno, con base en estos datos, no tendría yo duda de que México va a crecer más o menos igual que hasta ahora, si no hay cambios de fondo en la estructura actual. Ya hubo cambios, que son las reformas estructurales, pero ésas van en el sentido de incrementar la tasa, aun si el TLCAN desaparece, pero no hay una locura proteccionista en el mundo (y en México), entonces puede usted pensar en crecimiento de entre 1.9 y 2.5 por ciento anual, per cápita, para los próximos 15 años. De ser así, y de seguir los commodities en precios bajos en ese periodo, la economía mexicana será la séptima mayor del mundo, midiendo en dólares comparables (PPP), como han sido todos los datos que usamos hoy.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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