Opinión

El partido zombie

09 noviembre 2015 5:0
 
1
 

 

PAN y PRD analizan alianzas para el 2016

Asistimos a un tiempo de crisis de representación política que lleva en momentos a no pocos ciudadanos a pensar que “todos los políticos y los partidos políticos son lo mismo” y se da como alternativa, como salida a esto, los llamados “candidatos independientes”; la euforia sobre estos corre a la velocidad de las redes sociales, y al final del día lo que observamos es que lo que estamos viviendo son tiempos de indignación, sobre actos de los políticos y de los partidos, y no sin razón; la corrupción, la ineficiencia, la incapacidad, la falta de resultados en el crecimiento económico y el aumento de la pobreza y la desigualdad se combinan con los momentos de transformación social, que aparta a nuevos sujetos sociales con nuevas y novedosas demandas y exigencias de reconocimientos sobre identidad, cultura y preferencias sexuales, entre otras.

Es esto lo que lleva pues a políticos profesionales y a los partidos a “horas bajas”, pero es más su incapacidad a entender los nuevos movimientos tanto de la expresión de la político, como de la forma de hacer política de los nuevos actores de la modernidad, sobre todo los que buscan su reconocimiento y la manera agotada de comportamiento de las instituciones partidarias que rebasadas por esta nueva sociedad es incapaz de generar una nueva organicidad, discurso y formas de entender la representación política contemporánea.

Hoy cada día queda más claro que la forma partido de representar intereses de clase ya ha quedado en el pasado y que la forma de intereses trasversales es la que está prevaleciendo además de de una nueva forma de comunicar usando el contacto directo, las nuevas tecnologías de la información (sin hacerse esclavo de ellas), pero lo más importante en la comunicación política hoy son los hechos, es decir, los resultados, si se es gobierno o en defensa de los intereses en el corto lazo de los sujetos sociales, sin perder de vista, como organización partidaria, un proyecto de largo plazo pues frente a la política de la indignación (que mucho de ellos se refleja en las redes sociales), es sólo de corto plazo y esa tiene que ser una de las diferencias sustanciales de los partidos políticos, su planteamiento programático de corto, mediano y largo plazo.

Aquí hay que hacer énfasis en el programa, la plataforma, pues la política de la indignación hace que los populistas sólo critiquen y no propongan, entonces si, hay que reconocer que hay una crisis de representación política y esto es justo lo que hay que enmendar y contemporarizar, aún en contra de la visión oligárquica de los dirigentes y las “nomenclaturas” de los partidos, pero no aventar el agua sucia junto con el bebé.

Recordemos que hace no mucho tiempo en nuestro país, se hablaba de “candidatos ciudadanos”, contraponiéndolos a las de los partidos políticos y apenas en junio acabamos de ser testigos de cómo políticos profesionales se “exorcizaran”, convirtiéndose en “independientes”, pero independientes de los partidos, ¿pero no de los poderes fácticos, verdad?

Hoy lo que tenemos que aceptar es que el modelo de partido se ha agotado y que lo que hay que hacer es discutir cómo construir el nuevo para este tiempo a fin de que éstos sigan siendo la vía de buscar de forma institucional la representación política, la manera de educar políticamente , la forma de ejercer el poder en base a una plataforma cuando se está en el gobierno o de presentarse como alternativa si se es de oposición, una forma organizativa de impedir el acceso al poder de los oligarcas y de los poderes fácticos y una nueva manera también de organizar la indignación para canalizarla por vías democráticas y no sólo de desahogo personal y de contagio colectivo en y por las redes sociales.

Recuperar la política para servir a la sociedad y desechar la podredumbre en un tiempo de una nueva sociedad, en donde actores de ésta modernidad exigen su reconocimiento en libertad y con nuevas exigencias a la demanda liberal como hasta ahora la conocíamos.

También te puede interesar:

La nueva SEDATU

Los espectros de la democracia

¿Reforma electoral base cero?