Opinión

El papel de los generales crecerá en la relación con Estados Unidos

 
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Donald Trump

Mi papá decía que Estados Unidos era una especie de dictadura militar, donde General Foods, General Electric y General Motors eran los generales al mando. Algo de razón tuvo, cuando vemos un gabinete de Donald Trump que propone a Rex Tillerson, CEO de Exxon, para secretario de Estado; y a Stephen Mnuchin (Tesoro), Gary Cohn (Consejo Económico Nacional) y Stephen Bannon (Jefe de Estrategia), todos de Goldman Sachs. Estos millonarios serán los 'pobres' del gabinete, pues otros billonarios tendrán puestos relevantes: Wilbur Ross (fortuna estimada de dos mil 900 millones de dólares según la revista Forbes) como secretario de Comercio, Todd Rickets sería su segundo (mil 800 millones), Betsy DeVos, propuesta para secretaria de Educación, es nuera del cofundador de Amway (cinco mil 100 millones), y Linda McMahon (mil 350 millones), empresaria de la lucha libre, propuesta para la Administración de Pequeños Negocios.

Además de multimillonarios, Trump gusta de generales de verdad. El general retirado James Mattis rompería la tradición de civiles a cargo del Departamento de Defensa, si es ratificado por el Senado; el general retirado de la Infantería de Marina, John Kelly, estará a cargo de la Secretaría de Homeland Security (Seguridad Interna); y el teniente general retirado Michael Flynn será su consejero de Seguridad Nacional. David Petraeus, otro prominente general, contendió por la Secretaría de Estado, y podría aparecer en otro sitio.

Esta oleada de generales refleja dos fenómenos muy relevantes. Primero, que los militares gozan de más respeto que los políticos. Los generales no eligen la política exterior, sólo la ejecutan. Como dijo el Gral. John Kelly en una entrevista para el Pacific Council on International Policy que es importante leer (https://www.pacificcouncil.org/newsroom/conversation-general-john-f-kelly-southcom-commander#.Vjt241xluTg.twitter), un general puede o no estar de acuerdo con la orden recibida, pero la ejecuta y saluda a su superior al hacerlo.

Lo segundo que refleja es que después del asesinato del embajador Chris Stevens, en Benghazi, los estadounidenses han optado por resguardar a diplomáticos y a civiles. El embajador estadounidense en Siria despacha desde Ginebra, y muchos de sus colegas están relegados a las zonas controladas (green zones). Crecientemente, los únicos que tienen contacto real con el mundo más allá de éstas son los militares, y por ende su importancia ha ido en aumento. Ellos sí entienden lo que pasa afuera.

El general Kelly tendrá enorme importancia en la relación con México. Él dice que como comandante de SOUTHCOM (45 países y territorios de Centro y Sudamérica, más el Caribe), él tenía mejor acceso a presidentes y gobiernos que cualquier otro funcionario. Afirma haber convencido al presidente de Guatemala de mantener la investigación de la ONU que lo llevaría a la cárcel. En sus palabras, salvo Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Bolivia, la colaboración a nivel de fuerzas armadas es impecable. Incluso con Cuba hay algún diálogo semanal en las inmediaciones de Guantánamo. Pero lo más importante es que él cree que los únicos interlocutores confiables en la región son los militares.

Kelly dice que las utilidades originadas por el tráfico internacional de cocaína a Estados Unidos ascienden a 85 mil millones de dólares (cifra muy superior incluso al valor total que fuentes serias estiman del tráfico de droga). En sus palabras, el principal riesgo que Estados Unidos enfrenta es la posible asociación entre organizaciones criminales transnacionales (droga, tráfico humano, minería ilegal) y el terrorismo internacional.

Kelly encaja perfectamente en la narrativa creada por Trump en la que México y la migración son parte de una amenaza más amplia, que en algún momento toca al terrorismo islámico. Hay suficientes elementos reales para alimentarla, como el tránsito de migrantes haitianos o africanos que cruzan por México para llegar a la frontera norte. No es descabellado pensar que si un terrorista quiere internarse en territorio estadounidense, lo haría utilizando las mismas rutas que los coyotes prueban diariamente. Es importante entender las implicaciones que esta visión tendrá en la relación de México con un gobierno de Trump. Ojalá para este cambio sí estemos preparándonos.

Pero, más allá de eso, esto ocurre cuando en México cuestionamos el papel del Ejército en labores de contención contra organizaciones criminales. En mi opinión, sin condenar ejecuciones extrajudiciales u otros abusos, se entiende poco de la enorme presión sobre un Ejército que pone muchos muertos, pero carece del apoyo de aparatos de investigación, policiacos, de impartición de justicia, y ve cómo crecientemente el poder político sucumbe con descaro a la corrupción.

Curiosamente, también aquí el general Salvador Cienfuegos y el almirante Soberón son quienes gozan de mayor aprobación dentro del gabinete del presidente Peña. No conozco a uno u otro, pero oigo excelentes comentarios sobre ambos de gente cuya opinión respeto.

¿Será dejar que entre generales se entiendan la solución a una Secretaría de Relaciones Exteriores que está bien perdida en lo que concierne a la relación con Estados Unidos, y particularmente con el nuevo gobierno de Trump?

Twitter: @jorgesuarezv

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