Opinión

El Papa y Cuba: ¿Promover la libertad
o la dictadura?

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Papa Francisco y Raúl Castro. (ilustración)

Ayer domingo, en un hecho inédito, el Papa Francisco se reunió en El Vaticano con el dictador de Cuba, Raúl Castro Ruz. Puede ser una buena noticia para la libertad, pero no está claro.

Si lo que acordaron en la reunión privada fue que los cubanos van a poder elegir a sus gobernantes y tener libertades elementales como el derecho a disentir, decir lo que piensan, cambiar de empleo o usar internet, entonces habrá valido la pena el encuentro.

Pero si la reunión sólo fue para la foto, entonces estaremos hablando del respaldo a un régimen opresor que prohíbe pensar diferente.

El Papa Francisco es un Pontífice noble, comprometido –no nada más de palabra– con los valores que dan sentido a la dignidad humana. Promovió el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos seguramente alentado por buenas intenciones.

Pero enfrente tiene a un político de colmillo largo y retorcido, que con ardides, mucho terror y algo de sangre, ha gobernado un país por más de 55 años, junto con su hermano Fidel.

¿Qué saldrá de la reunión entre Francisco y Raúl Castro? Tal vez lo sepamos pronto.

Esperemos que esta conversación sea tan útil como la que en su momento tuvo Juan Pablo II con Augusto Pinochet, otro dictador.

Cuando el Papa visitó Chile en abril de 1987, fue ampliamente criticado por entrevistarse con Pinochet. Pero no fue en vano. Desde luego hubo trampas de parte del dictador, pero al final ganaron los valores que encarnaba Wojtyla.

Hablaron durante 42 minutos, a solas, en el Palacio de La Moneda. Nadie supo de qué conversaron.

Al finalizar la reunión Pinochet le tenía una trampa al Papa. La contó el cardenal italiano Roberto Tucci, en L´Osservatore Romano, muchos años después, en 2009.

Relata Tucci que la comitiva papal había recibido la instrucción terminante de Karol Wojtyla de no salir al balcón presidencial, porque él tampoco lo haría. Pero al finalizar la reunión privada entre ellos dos, Pinochet sacó al Papa por otra puerta, que tenía una cortina negra: era la salida al balcón.

Ahí se tomaron las fotos que le dieron la vuelta al mundo y golpearon la moral de los cristianos chilenos: el Papa y Pinochet, saludando desde el balcón de La Moneda.

Cuando se despidieron, narra el cardenal Tucci, Juan Pablo II “lo fulminó con la mirada”.

Menos de un año después, Pinochet convocó un plebiscito sobre su permanencia en el poder, ganó el “no”, y regresó la democracia a Chile.
¿Fue el plebiscito parte de los acuerdos secretos Pinochet-Juan Pablo II? Mi impresión personal es que sí.

Esperemos que algo similar ocurra después de este encuentro entre el Papa Francisco y Raúl Castro en El Vaticano, y de la visita del Pontífice a la isla, prevista para septiembre.

Twitter: @PabloHiriart

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