Opinión

El papa se equivoca al criticar al capitalismo


 
Merecidamente, el papa Francisco fue nombrado hombre del año por la revista Time. En su primera exhortación apostólica Evangelli Gaudium habló de “la economía de la exclusión y la desigualdad”, diciendo que el capitalismo sin límites es una “nueva tiranía invisible”.
 
Evitaré subrayar la relación histórica entre iglesia católica y pobreza. Reconozco que es natural que un líder religioso subraye los problemas que provienen de la inmoral desigualdad en el mundo moderno. Pero, creo importante reconocer el evidente papel que ha jugado el capitalismo en el abatimiento de la pobreza extrema en el mundo.
 
Recordemos que la enorme mayoría de la población mundial era “pobre” antes de la Revolución Industrial. En épocas más recientes, según estudios hechos por los economistas Pinkovskly y Sala-i-Martín, si nos enfocamos en mediciones de pobreza extrema en el mundo, es decir, la parte de la población que no logra generar un dólar al día, entre 1970 y 2006 ésta se redujo en dos terceras partes, básicamente debido a la adopción de políticas económicas capitalistas en los dos países más poblados del mundo: China y la India.
 
En el caso específico de México, el libro Clasemediero, de Luis de la Calle y Luis Rubio, provee abundante evidencia del surgimiento de la clase media también en México, en buena parte como consecuencia de la adopción de políticas “neoliberales” y de mayor ortodoxia en el manejo de las finanzas públicas.
 
Regresando a la narrativa del papa Francisco, resulta aventurado criticar al capitalismo sin ponerlo en contexto histórico comparándolo con formas alternativas como el comunismo. Claramente, hemos visto una reducción en los índices de pobreza en países de Europa oriental o en otros que formaban parte de la Unión Soviética conforme cambiaron de modelo económico.
 
¿Pero y qué de la desigualdad? Hay que ser cautos al analizar su origen. Veamos el caso de China. Según el Banco Mundial, 84 por ciento de los chinos vivían en pobreza extrema en 1981, y sólo 10 por ciento en 2010, 600 millones menos de pobres. Sigue habiendo alrededor de 100 millones de pobres en China, uno de cada seis pobres en el mundo, mientras que en la India viven uno de cada tres. Sin embargo, la “desigualdad” en las zonas urbanas ha crecido rápidamente a pesar de que hay menos pobres y de que éstos son menos pobres que antes. Esto ocurre porque el capitalismo también permite que una parte de la población se enriquezca, y una pequeña parte lo hará desproporcionadamente.
 
Lejos de la lógica que a veces parece prevalecer en México, la mayoría de quienes prosperan no lo hacen por robar, explotar, corromper o hacer trampa, sino por razones perfectamente legítimas como innovar, simplemente emprender, o trabajar muy duro. Claramente, en una economía abierta y de mercado las oportunidades pueden ser exponencialmente aprovechadas.
 
Robin Li, uno de los hombres más ricos de China, con una fortuna superior a los 8 mil millones de dólares, tiene 44 años y fundó Baidu, un sistema para búsqueda en chino en Internet. Otros empresarios han desarrollado aplicaciones para telefonía celular, telecomunicaciones, y otras actividades relacionadas con tecnología. Como siempre ocurre en el capitalismo, por cada gran ganador hay decenas de perdedores, pero no por eso es un sistema tiránico. La lógica del sistema es que el capital va a dar a aquellas empresas o proyectos donde la probabilidad de éxito es mayor y la ganancia potencial más alta, a mayor riesgo mayor ganancia. Estas empresas generarán algunos empleos muy bien pagados, cuando se remuneren habilidades escasas e importantes, y otros con menor remuneración cuando se trate de actividades que no requieren preparación específica. Sí, las empresas buscarán pagar salarios “de mercado”, pues lo que intentan es maximizar la rentabilidad del capital.
 
Así como el sistema canaliza capital hacia donde hace sentido, lo retira de donde no debe estar, haciendo eso a lo que los economistas austriacos llamaron “destrucción creativa”. La lógica de ésta es que es vital dejar que empresas quiebren para en ese proceso liberen capital que buscará irse a acomodar en proyectos ganadores, alimentándolos. Una empresa como Kodak que hacía rollos para cámaras fotográficas muere y le da origen a otras empresas que ahora producen tarjetas para fotografía digital, por ejemplo, u otras tecnologías ganadoras.
 
El rico no se enriquece porque el pobre se empobrece, al contrario. El mejor escenario para el desarrollo de una economía capitalista es que crezca la población con poder adquisitivo, al igual que la oferta de trabajadores capacitados y educados. En países como Alemania, Japón o Estados Unidos, es el crecimiento del mercado interno lo que ha dado viabilidad a incontables empresas que cuentan con la masa crítica para madurar localmente antes de ofrecer sus productos o servicios al resto del mundo.
 
Una crítica como la del papa es peligrosa, pues se puede caer en la trampa de pensar que hay que redistribuir arbitrariamente la riqueza, sin admitir que la única defensa real contra la pobreza es educar en serio a la población. Siempre ha habido y habrá ganadores y perdedores y el Estado debe proteger a quienes no pueden valerse por sí mismos, pero siempre fomentando que quien más se esfuerce, gane más. Son los “ganadores” quienes engendrarán inversión, innovación y progreso. Hay que tener cuidado en no satanizar a quien arriesga y trabaja.
 
 
El capitalismo, como la democracia, es el peor sistema... excepto todos los otros.