Opinión

El Papa no es la mano invisible de la que habló Adam Smith

 
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ME. El Papa no es la mano invisible de la que habló Adam Smith.,

Se escucha cada día con más frecuencia que la visita del Papa Francisco a México ha motivado a muchos mexicanos a solicitar su intervención sobre las problemáticas que nosotros no hemos podido resolver. Que se debe pronunciar sobre el tema de los derechos humanos, la violencia, la pobreza, la desigualdad de género... Ayer, en un folclórico pronunciamiento, se dijo que los ahorradores defraudados por Ficrea pedirán también su intervención por el despojo de ahorros del que fueron sujetos.

El hecho de que la gente que ahorra en un fragmento del sistema financiero solicite la intervención del Papa refleja el nulo entendimiento del sistema económico. Ya sólo falta que alguien pida que intervenga para que el dólar regrese a 13 pesos; o que le pidan una homilía para que el petróleo vuelva a subir.

México vive el flagelo de la ignorancia. Al no comprender la relación básica de riesgo y rendimiento, una inmensa mayoría de mexicanos cree que “alguien” o “algo” es responsable del devenir económico que les toca experimentar en la vida.

Generalmente se asume que ese “alguien” es el gobierno. Por eso se cree, por ejemplo, que el gobierno es responsable de proveer casas a familias que caen en desgracia cuando ocurre un huracán. En lugar de asumir el costo de comprar una póliza de seguro, es al gobierno a quien se le asigna la responsabilidad de reparar un daño provocado por la Naturaleza.

Los mexicanos quieren hacer visible la mano invisible de la que hablaba Adam Smith y ahora, en el contexto global hiperconectado, no alcanzan a comprender que las fuerzas del mercado rebasan desde hace décadas las decisiones que se toman dentro de nuestras fronteras. En consecuencia, tratan de explicar el funcionamiento del sistema económico por fuerzas del “más allá”. De tal suerte, ahora le tocará al Papa Francisco recibir la pintoresca solicitud de intervenir por los ahorradores de Ficrea.

La verdad es que el Papa no puede corregir los fraudes de Ficrea, ni nos puede ayudar si un árbitro nos marca un penal de fútbol injusto.

Tampoco puede aplacar a quienes disparan armas en la sierra de Guerrero. No. Acaso lo mejor que puede hacer es inspirar a los inconscientes para que acepten el pedazo de responsabilidad individual que les corresponde y se asuman arquitectos de su propio destino.

Si el Papa expresa una batería de críticas contra las fallas del sistema mexicano (sociales, jurídicas, gubernamentales, éticas, etc.), es probable que pueda patinar en sus diagnósticos. Pero si prefiere no hacer juicios de valor y apelar a la individualidad y a la libertad, es posible que encuentre más oídos dispuestos no sólo a escucharle, sino a realizar acciones para corregir nuestras propias fallas.

Twitter:@SOYCarlosMota

Correo:motacarlos100@gmail.com

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