Opinión

El Papa Francisco: persona y constantes en sus enseñanzas

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¿Qué hay detrás de la polémica visita del Papa Francisco?

¿Quién nos visita? Evidentemente reconozco que el Vicario de Cristo, mediado por la persona de Jorge Mario Bergoglio. Hijo de unos migrantes; un ser humano acostumbrado a trabajar siempre y a vivir la integración de varias culturas (la europea y la latinoamericana, la Iglesia universal y la Iglesia local, la vida religiosa y la vida diocesana, la libertad y la opresión, la riqueza de espíritu y la pobreza, etc.). Es un hombre de su tiempo que ha vivido: la globalización, los desafíos, el discernimiento, la valiente toma de postura ante las complejidades de la historia, la sana tradición (no olvidemos a su abuela, de quien él mismo dice: lo marcó), pero, sobre todo, lo que lo caracteriza es su fidelidad al evangelio.

Cuando uno está frente a él, entiende muchas cosas que no se pueden transmitir del todo. Es un hombre cálido, directo, puntual, sereno, pero sobre todo que escucha y discierne al mismo tiempo con una gran agilidad y sentido. Uno ve claramente que ¡tiene los pies en la tierra! Sus prioridades están siempre ahí: reconciliar, desatar la generosidad, animar a dialogar y, principalmente,a llevar a Cristo que ilumina y transforma todo en todos de manera muy real. No es un hombre pietista, es más bien un hombre seguro de que hay una salvación, que es para hoy y que se llama Jesús. El Papa Francisco anuncia esta certeza con amistad, con pudor de gestos y palabras, con la serenidad de quien no espera el consenso sino con la alegría de que conoce y experimenta constantemente la verdad.

En las constantes de su Magisterio –que es muy amplio– Encíclica Lumen fidei, la exhortación apostólica Evangelii gaudium, y la carta encíclica Laudato Si’ sobre el cuidado del medio ambiente y el cambio climático, sus discursos y homilías, se pueden destacar cinco características:

1. Evalúa las situaciones humanas más diversas de índole personal, espiritual, cultural, ambiental, histórico, moral, político, social, educativo, étnico, económico, entre otras. Sin embargo, lo hace desde sus distintas relaciones, contextos e interacciones.

2. Revisa detenidamente las ideas fundamentales, los paradigmas, costumbres y prácticas del ser humano de hoy. No se detiene tanto en describir las situaciones contemporáneas, sino que va al fondo y las define, descubriendo los trasfondos de origen (V.gr. El hombre consumista es incapaz de generar alegría, por lo que vive en una autorreferencialidad que lo aísla y lo incapacita para el encuentro, la relación fraterna, el amor, EG, No. 2).

3. La sintonía con el magisterio del Papa emérito Benedicto XVI, con el de San Juan Pablo II y por supuesto con todo el corpus del Concilio Vaticano II, es palpable. Podemos decir que hay una sinfonía armoniosa y muy particular entre cada uno de ellos. Puede afirmarse que su pensamiento, su palabra y su anuncio es realista. De ninguna manera es catastrofista y siempre abre a la esperanza, al “cómo sí se puede”. Constantemente nos muestra el conjunto de desafíos y retos, señalando condiciones y exhortaciones al ser humano, que es el que está detrás de toda estructura social, económica, política y religiosa.

4. El Papa Francisco de una u otra manera nos llama a todos a reeducarnos, pues vivimos en un Cambio de Época (EG, No. 52) que exige dejar atrás “lo exterior, lo inmediato, visible, lo rápido, lo superficial, lo provisorio (donde lo) real cede lugar a la apariencia” (EG, No. 62). Es evidente que tiene razón cuando afirma que tenemos que actualizar nuestra manera de ver el mundo y todo lo que ello implica: la empresa, el trabajo, la familia, el matrimonio, la misma vida de fe. Requerimos de una fuerte conciencia, de una gran capacidad para discernir prioridades y hacerlas valer. Por ello, necesitamos desarrollar urgentemente una fuerte espiritualidad que nos permita vivir sabedores de cuál es el sentido de la vida, nuestra participación en el destino de la humanidad y su fin desde el proyecto de su Creador.

5. Por lo anterior, a la Iglesia le hace un llamado para no estar tan preocupada de sí misma y ser capaz de salir, de entregarse en una dinámica de misión permanente. El Papa insiste en que la fe no es principalmente mandamientos, doctrinas o prácticas religiosas –¡que, por supuesto, hay que hacerlas, ¿eh?!– sino que es el encuentro con un acontecimiento que le da vuelco a la propia vida para sacarla de sí misma, del miedo, de la angustia, de la inseguridad, de la estrechez de miras, de la autorreferencialidad y meterla entonces a la dinámica de la entrega, la generosidad, la felicidad verdadera.

Espero que este conjunto de ideas les ayude para preparar su corazón ante este grande acontecimiento que viviremos como nación. México sigue siendo un país privilegiado. Contaremos con la palabra, el testimonio y la entrega de un misionero de misericordia y de paz.

Nuncio apostólico en México