Opinión

El PAN ¿sin aspiraciones de poder?

Coordinado por Antonio Delhumeau y los auspicios del Instituto Mexicano de Estudios Políticos, A.C., en el año 1970 se publicó un libro sobre los partidos políticos mexicanos. En aquella época la bibliografía sobre el tema era escasa. El volumen obviamente se refería a los partidos entonces existentes y con registro legal.

Hace cuarenta y cinco años había sólo cuatro partidos. A la fecha dos de éstos ya no existen, hace tiempo que desaparecieron. Uno era el llamado Auténtico de la Revolución Mexicana, que a lo largo de su lamentable historia tuvo una o dos resurrecciones y ahora todo parece indicar que se extinguió para siempre. El otro era el Popular Socialista que ha corrido igual suerte. Este par de organizaciones, remedos de partidos, creados y sostenidos por el gobierno para simular juego democrático, llenaron toda una época del autoritarismo mexicano.

El libro referido, cuyo título es México: realidad política de sus partidos, no hizo objeto de su estudio al Partido Comunista Mexicano, finalmente el de más antigüedad de los entonces existentes, que aunque carecía de registro como tal, tenía sin embargo evidente presencia en diversos ámbitos de la vida política del país. Mayor desde luego que los otros dos hoy desaparecidos.

Además de un capítulo introductorio del coordinador Delhhumeau, el volumen incluye un capítulo por cada partido, de autores diferentes. Cabe precisar que estos ensayos no son de carácter panfletario o de mera divulgación sino más bien de corte académico, lo cual no se puede negar aunque se esté en desacuerdo con muchos de sus enfoques y planteamientos. Los estudios tienen visos de seriedad.

Los autores del ensayo sobre el PAN fueron Jaime González Graf y Alicia Ramírez Lugo. A lo largo de su estudio plantean, una y otra vez, vaya es su tesis sobre Acción Nacional, que éste constituye una organización más bien académica o algo similar, que un partido político con aspiración de poder, por el nulo o muy escaso interés que tiene, tanto en el horizonte teórico como en el orden práctico, por llegar al Poder y ser gobierno. Aunque los autores formularon su planteamiento en tono crítico, de descalificación, tenían sin embargo alguna dosis de razón.

Hoy esa tesis elaborada por extraños, como argumento, es muy valiosa. Y lo es no porque la hayan propuestos esos investigadores hace casi medio siglo, como ya se dijo más en tono y con ánimo descalificatorio que otra cosa, sino porque en efecto refleja cómo fue durante décadas ese trabajo político de la militancia panista: serio, tenaz, para muchos en apariencia contra toda esperanza, de esfuerzo frecuentemente heroico, que no buscaba el poder por el poder mismo, sino como una posibilidad de servicio. Y nada más.

Lamentablemente en los días que corren la realidad es otra. Porque paulatinamente, todo cambió: actitudes, disposición, conducta y en no pocos hasta modo de pensar, cuando la llegada al poder fue factible. Por supuesto que tampoco se trata de satanizar el hecho de detentar y ejercer el poder. Pero claramente hay una gran diferencia cuando éste se ve como una oportunidad, que mucho enaltece, de servir al bien común, que cuando esa posibilidad se convierte en un apetito desmedido y su objeto es el medro personal.

En otra entrega, la inmediata anterior, comenté que no se debió haber suprimido la personalidad jurídica que durante poco más de medio siglo tuvo Acción Nacional de asociación civil, además de la de partido político. En los aciagos días que corren, con el enorme desprestigio en que han caído los partidos y en general los personajes políticos, de haber conservado aquella naturaleza dual del principio, estaría hoy Acción Nacional en la posibilidad de dar un gran testimonio de congruencia, en la línea de su trayectoria histórica, sin el riesgo de desaparecer. Será necesario continuar con el tema.