Opinión

El PAN contra el PAN

    
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Ricardo Anaya, presidente Nacional del PAN

Lo que sucede en el PAN no es sorpresa. Es una división propiciada y alimentada desde la presidencia de ese partido. Ricardo Anaya lo ha dividido entre los que lo apoyan –que tienen cargos, puestos, nóminas– y los que no –que son enviados a las mazmorras del ostracismo–. Anaya no ha decidido nada respecto de la candidatura presidencial, porque así le conviene. Ha mantenido un doble juego en el que afloró una cara que no se le conocía: la de hipócrita.

Lo sucedido en el Senado la semana pasada es producto de un juego de odio atizado por el anayismo. El PAN es un partido en el que dominan las ambiciones por los cargos. Que cinco senadores del PAN hayan podido más que decenas de sus compañeros del mismo partido habla de la, por decir lo menos, incompetencia del coordinador de la bancada panista en el Senado, Fernando Herrera. ¿Qué hacían Herrera y sus coordinados mientras todos los partidos –Morena y PT incluidos– votaban por un panista? Seguramente platicaban sus hazañas mientras sus compañeros hacían política. El coordinador panista –un político torpe y mediocre– apareció en la tribuna para dar gritos y manotazos. Era la expresión viva de la derrota y la desesperación. Su incapacidad había sido exhibida.

La cara del PAN ya no es la cara que aparecía en las caricaturas de hace años de una persona de clase alta con gesto adusto y nariz respingada, un banquero de los de antes. Ahora la cara del PAN es la del senador Jorge Preciado: un prostibulario, un lenón, un delincuente rapaz al que escuchamos todos obligar a su amasia a abortar. Un tipo que regentea tugurios. Esa es la gente de Anaya, son sus defensores. El senador Preciado se subió a la tribuna a hablar de traición y de conducta política, insultó a Cordero de la misma forma que insultó a Fernando Herrera cuando lo nombraron coordinador.

La unidad en el PAN parece que está en el basurero. Es un caso único lo sucedido el jueves en la noche. Resulta que un panista es votado por todos los partidos, menos el suyo. Apareció en las huestes anayistas una palabra que no era usada en Acción Nacional: traición. El presidente del PAN y su gente hablan de sus compañeros como traidores. Los quieren expulsar. No entiendo bien por qué los van a expulsar, ¿por votar por otro panista? En el blanquiazul todo es posible en estas épocas.

Anaya ha hecho de sus problemas personales una causa de partido. No les parece raro en su comité nacional que el presidente del partido haya omitido declarar en su 3de3 ¡40 millones de pesos! Anaya trae pleito con el gobierno, con el PRI y con el PAN. Será muy articulado, pero a su partido lo trae hecho trizas. El PAN está perdiendo el lugar que tiene como opción ante López Obrador. Nadie necesita hacerles nada, solitos se están hundiendo en sus pleitos y rencillas. El tema del fiscal fue generado por la claudicación de Madero y Anaya ante el peñismo, de quienes fueron sus tontos útiles los primeros cuatro años de gobierno. Madero le quitó la coordinación de la bancada en el Senado a Cordero por no querer colaborar con el gobierno. Ahora lo acusan de gobiernistas los mismos que hicieron el Pacto por México. En su guerra civil, todo el panismo perderá su oportunidad para 2018.

Twitter: @JuanIZavala

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