Opinión

El PAN

 
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 [Si los Congresos locales no avalan las modificaciones constitucionales, no podemos comenzar, dice el PAN / Cuartoscuro]

La derrota panista de 2012, ocasionada principalmente por las divisiones al interior del partido blanquiazul, hacían ver un proceso de desintegración producto de las profundas divergencias existentes entre los sectores calderonistas y maderistas.

La derrota de Josefina Vázquez Mota originada, entre otros factores, por el hecho de no haber sido la candidata del presidente Calderón y el retiro de todo tipo de apoyo de éste a la abanderada de su partido, derivó en un choque entre la nueva dirigencia encabezada por Gustavo Madero y el expresidente de la República. El apoyo del PAN al Pacto por México y su aprobación en el Congreso derivaron en pugnas adicionales que concluyeron con la salida de Madero de la dirigencia partidaria y su relevo por Ricardo Anaya.

La gestión de Anaya logró de manera discreta ir sanando las heridas del pasado reciente, sacando a Madero del juego interno panista, y restableciendo los equilibrios con Calderón y sus seguidores. Los resultados de este trabajo se hicieron patentes en las elecciones de junio al obtener siete gubernaturas, algo nunca alcanzado anteriormente. Este escenario hizo revivir a Acción Nacional como opción real para 2018, con la presencia de tres precandidatos compitiendo por la representación panista para la silla grande.

El propio Ricardo Anaya, cuyos bonos subieron de manera exponencial tras el resultado electoral de junio, y que lo hacen ver como un candidato unificador de las distintas facciones del blanquiazul; Margarita Zavala, quien ha ido construyendo su candidatura con la amenaza de irse por la vía independiente en caso de no ser postulada por su partido; y Rafael Moreno Valle, triunfador en la elección poblana a través de su sucesor Tony Gali, por lo que sigue siendo una opción viable para diferentes sectores de Acción Nacional. Esta triada que hasta el momento no se descalifica entre sí, representa un elemento de cohesión partidaria y de expectativa de triunfo frente a los escenarios de incertidumbre presentes entre priistas y perredistas.

El objetivo central de los panistas para el próximo año es el de presentarse como una oposición efectiva y negociadora ante el gobierno priista, pero más aún capaz de dar resultados positivos en aquellas gubernaturas ganadas en las elecciones de junio. Y es que hay que recordar que algunos de sus gobernadores exclusivamente panistas o aliancistas resultaron igual o peores que los priistas que tanto critican. Desde Sergio Estrada en Morelos, hasta Guillermo Padrés en Sonora, pasando por Luis Armando Reynoso Femat en Aguascalientes, todos ellos reprodujeron el modelo de corrupción y abuso de poder contra el que supuestamente lucharon.

Si el PAN quiere regresar a la presidencia en 2018 necesita primero elegir a un abanderado o abanderada que unifique al partido para evitar catástrofes como la de 2012, con una plataforma centrista que hasta ahora no ha podido afirmar por la enorme influencia que aún ejercen los sectores ultraconservadores que tienen gran peso en la institución. El otro elemento a tomar en cuenta es el de la necesidad de entenderse como un partido cuyo objetivo es llegar al poder y ejercerlo, y no ser sólo espectador del triunfo alcanzado.

Un partido rebasado por el disfrute de ser dueño de grandes presupuestos, sin tener claridad de qué hacer con ello para alcanzar un objetivo establecido, termina paralizándose en medio de una borrachera de recursos sin sentido ni resultados perceptibles. Hoy de nuevo Acción Nacional recupera su posición de partido triunfador, y de él depende la posibilidad de presentarse ante la ciudadanía como una alternativa de poder, o simplemente como un remedo de alternancia sin consecuencias reales para el país.

Twitter: @ezshabot

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