Opinión

El Palacio es del hierro de Baillères

 
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Presidente de Grupo Bal Alberto Baillères

Tuve un sueño: en un suceso inédito, el presidente de Grupo Bal Alberto Baillères ordenaba que durante la próxima reinauguración de El Palacio de Hierro de Polanco se dispusiera que la lista de invitados únicamente estuviera conformada por quienes construyeron la renovada tienda. Así, durante una noche de gala, con alfombra roja, reporteros, editores de eventos sociales y ante cámaras de TV, albañiles, carpinteros, maestros de obra, plomeros, ingenieros, eléctricos y todos los que construyeron esta tienda desfilaban para estrenar la más icónica de las tiendas del país. La que ellos construyeron. En el camino, recibían el aplauso de dependientes y jefes de piso. Un gerente les otorgaba un certificado de regalo para su uso libre esa noche. Al final, durante un coctel gourmet, un miembro de la familia Baillères acentuaba en su discurso una palabra: ¡gracias! Fin de mi sueño.

No hay duda de que el acero con el que está construido el renovado Palacio es del mejor hierro que tiene el país, el de Baillères. Si bien es cierto que Liverpool estandarizó la solución masiva de la tienda departamental mexicana dedicada a la clase media, fue más bien El Palacio de Hierro el que elevó la barra de lo que el mexicano aspira a lograr a través de su poder adquisitivo. Ése es el mérito de Alberto, y su tienda de Polanco vendrá a elevar de nueva cuenta esa barra.

No existe país desarrollado que carezca de una tienda departamental propia y de bandera. Ahí están Harrods, en Londres; El Corte Inglés, en España; Galeries Lafayette, en Francia; la CDT de Varsovia, Polonia (en proceso de renovación con el proyecto del arquitecto Andrzej Chołdzyński); o Saks Fifth Ave., en Estados Unidos. Carlos Slim intentó importar e insertar este último formato en el ánimo del segmento A/B mexicano, con resultados sumamente magros.

Baillères está haciendo un gran favor a México con su nuevo Palacio de Polanco –que en dos semanas abrirá al público–: está rebobinando la espiral aspiracional de las clases medias; devolviendo la necesaria ilusión que un sistema basado en méritos genera para quien se esfuerza y para quien obtiene más ingresos por su trabajo. Ése es el tamaño de lo que este Palacio representará. De hecho, la tienda de Moliere será un destino en sí mismo.

La última vez que vi a Alberto Baillères fue en mayo pasado, durante la corrida de José Tomás en la Feria de San Marcos, en Aguascalientes.

Entero, solemne pero festivo. Taurino. Flanqueado por la familia entera. Como siempre. El país entero debe aplaudirle por la reinauguración de El Palacio de Hierro de Polanco. Este barrio, además, deberá agradecerle que su sola decisión de negocios catapultará aún más la plusvalía de lo ahí construido.

Twitter: @SOYCarlosMota

Correo: motacarlos100@gmail.com

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