Opinión

El país que tendremos dentro de un lustro


 
Imagine por un momento a México en el 2018, en el último año de la administración de Peña Nieto.
 
 
El contexto mundial podría ser muy diferente. La economía de Estados Unidos podría crecer a tasas de 3% y tener un gran efecto de arrastre sobre sus socios comerciales, notoriamente México. China, en cambio crecería cada vez menos.
 
 
La reforma energética tendría ya quizás cuatro años de funcionamiento y habría una intensa actividad de exploración y perforación en el norte de la República. Una nueva generación de emprendedores petroleros estaría trabajando en los proyectos de shale gas.
 
 
En las aguas profundas, Pemex estaría asociado con Petrobras, Exxon, BP, entre otras, también con decenas de proyectos de perforación.
 
 
La nueva red de gasoductos habría ya permitido llevar gas barato a muchas regiones y las nuevas plantas armadoras de autos y aviones, estarían en algunos casos edificándose y en otras, trabajando con intensidad.
 
 
Por el mayor uso del gas, la energía producida por CFE y por sus competidores sería más barata para la industria y el comercio.
 
 
Pero también la competencia en las telecomunicaciones habría llevado a bajar precios y a mejorar el servicio de Internet.
 
 
La convergencia habría hecho que la TV se viera principalmente por la red y habría decenas de opciones. El tema del duopolio televisivo sería ya un asunto de historia.
 
 
Con la reforma financiera, finalmente los bancos habrían salido de la comodidad de colocar sus recursos en valores públicos para ganar a la segura y estarían compitiendo para financiar a más y más empresas, sobre todo pequeñas, que tendrían un buen incentivo para formalizarse ahora sí.
 
 
Con la reforma educativa, la evaluación magisterial se habría convertido en práctica usual y los maestros destacados estarían recibiendo mejoras salariales además de estímulos para fortalecer sus capacidades docentes y formativas.
 
 
Finalmente se comenzaría a ver una trayectoria en la que México empieza a remontar lugares en la evaluación PISA de la OCDE.
 
 
La reforma político-electoral habría dejado en el pasado distante las inconformidades por los resultados de los comicios.
 
 
Pero además, se habrían creado mecanismos permanentes inspirados en el Pacto para asegurar la gobernabilidad y evitar la parálisis legislativa.
 
 
La reelección directa permitiría que los políticos se sintieran más comprometidos con sus electores que con las maquinarias partidistas.
 
 
Los candidatos independientes a puestos diversos de elección popular ya serían parte normal de los procesos electorales.
 
 
¿Le parece una utopía este cuadro? Podría ser meramente eso, si las diversas reformas que se están emprendiendo se atoran o se implementan de manera deficiente.
 
 
Pero, cuando se visualiza la potencialidad de los cambios en su conjunto, podemos dimensionar la oportunidad que tenemos frente a nosotros. Existen hoy condiciones para hacer una reconfiguración completa del país.
 
 
Si las cosas salen bien, en una década escasa, el país en el que viviremos podría ser completamente diferente, para bien.
 
 
Hace ya mucho tiempo que no tenemos un periodo prolongado de crecimiento de la economía, acompañado también de una mejoría en las expectativas y calidad de vida.
 
 
Quizás la última vez que México vivió algo así fue en la primera parte de la década de los 60. Esto quiere decir que la gran mayoría de los mexicanos nunca hemos vivido como adultos una etapa así. De hecho ni nos imaginamos lo que sería algo así.
 
 
La apuesta que muchos hacemos, al margen de preferencias partidistas o ideológicas, es que ese cuadro que parece de una utopía, se convierta verdaderamente en una realidad.
 
 
 
Twitter: @E_Q_