Opinión

El país que había hace 32 años

15 octubre 2013 5:2

 
Era un jueves 15 de octubre de 1981 cuando El Financiero apareció por primera vez. Hoy cumple 32 años.
 
¿Cómo eran México y el mundo en ese entonces?
 
Le recuerdo algunos hechos y datos.
 
El país estaba pasando del sueño de la administración de la abundancia al amargo despertar de la crisis.
 
Entre 1978 y 1980, el país creció a una tasa anual media de 8.3 por ciento de acuerdo con cifras del INEGI. Hoy ese dato parece de fantasía.
 
Bueno, pues en cierta medida también lo fue entonces porque al auge petrolero y el endeudamiento sin freno siguió la caída de los precios del crudo que se produjo desde junio de 1981 y el agotamiento de las reservas internacionales que condujo a la devaluación y la crisis en febrero de 1982.
 
El día que El Financiero apareció, el dólar se cotizaba en 25.60 pesos. Para el 18 de febrero saltó a 37.55 pesos y el 26 del mismo mes, ya se cotizaba en 46.50 pesos.
 
Entramos desde entonces a una era de inestabilidad que tardó muchos años en irse.
 
Veinte días antes de que la primera edición de este diario comenzara a circular, las fuerzas vivas del PRI –como se estilaba entonces- con la CTM y Fidel Velázquez a la cabeza, procedían al destape de Miguel de la Madrid como precandidato a la Presidencia de la República.
 
Lo que seguía era un mero trámite, tanto la designación formal del candidato como la elección. López Portillo escribió en sus memorias que eligió a De la Madrid como su sucesor porque necesitaba a un buen administrador y conocedor de la economía para hacerle frente a la crisis que entonces ya emergía.
 
El año que siguió al nacimiento de El Financiero fue inédito en la historia económica del país.
 
El 20 de agosto de 1982, el entonces secretario de Hacienda de México, Jesús Silva Herzog, viajó a Nueva York e informó a los acreedores del país que México ya no tenía para pagar su deuda externa.
 
Estalló entonces una crisis de tal proporción que marcó la historia de México y del sistema financiero mundial durante los siguientes siete años.
 
Pero, la política y la economía estaban agitadas no sólo en México.
 
En el año que apareció El Financiero ocurrió el último atentado conocido a un presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, y pocas semanas después, le dispararon al Papa Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro.
 
En las finanzas internacionales se vivían también hechos inéditos. Las tasas de interés de los fondos federales de Estados Unidos se ubicaban en 13.3 por ciento en noviembre de 1981, pero habían llegado en julio hasta 19 puntos porcentuales, luego de que Paul Volcker, como presidente de la Reserva Federal, había generado una política de dinero caro para tratar de contener una inflación que en julio de ese año alcanzó 10.6 por ciento.
 
Sin embargo, el costo tan alto del dinero propició una recesión en Estados Unidos, que también golpeó a México, y en 1982 el PIB cayó en 0.5 por ciento. El desastre de 1982, que convirtió en crisis la que se visualizaba como la mayor oportunidad de México para convertirse en nación desarrollada con el boom petrolero, trajo consigo una crisis social y de gobierno.
 
En la búsqueda de frenar el desastre y de pasar a otros responsabilidades, López Portillo tomó la decisión de estatizar la banca privada.
 
Ese proceso terminó de tajo con el crecimiento previo del sistema financiero, pero a su vez hizo posible el boom bursátil de los siguientes años, así como una profunda redistribución del poder económico del país.
 
En los 12 meses que siguieron a la aparición de El Financiero se presentaron cambios económicos y políticos que en épocas anteriores tardaban décadas.
 
Este diario se empezó a convertir en una referencia necesaria para una sociedad que descubrió de manera, a veces dramática, la importancia de la economía y las finanzas para la vida de todos.
 
Hoy, cuando nuevamente nos enfrentamos a una cambiante circunstancia en México y en el mundo, este medio aspira a convertirse de nuevo en el referente, pero ahora de la nueva oportunidad de crecimiento, que esta vez ya no podemos dejar pasar, como ocurrió hace más de tres décadas.
 
 
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