Opinión

El Pacto puede ser un obstáculo


 
 
 
Hasta ahora hemos visto al Pacto como un innovador instrumento para sacar adelante las reformas estructurales.
 
Pues bien, en el futuro inmediato se podría convertir en un obstáculo a la más importante de todas ellas: la energética.
 
Este provocador razonamiento es planteado en la edición de The Economist que circula desde este fin de semana.
 
 
El planteamiento es muy sencillo: si la prioridad de la estrategia del gobierno de Peña es preservar el acuerdo político expresado en el Pacto, entonces la reforma energética va a ser muy limitada porque el PRD se opone a cambios constitucionales, y sin ellos, la posibilidad de dinamizar el sector de los hidrocarburos se va a truncar.
 
 
La redacción del documento original del Pacto no contempla la posibilidad de permitir inversión privada en la extracción de hidrocarburos de las lutitas (shale gas & shale oil) ni tampoco en los proyectos en aguas profundas. En este último caso, se ha explicado hasta el cansancio que para lograr resultados apreciables en plazos razonables es necesario compartir el riesgo con empresas que han avanzado mucho más que Pemex en esa materia.
 
 
En materia de shale, se requiere emplear tecnología que Pemex no tiene disponible y tomar decisiones operativas mucho más ágiles que las que toma la paraestatal.
 
Obviamente hay mucho más que debe traer esa reforma, como un cambio radical en el marco regulatorio para que la CNH y la CRE tengan verdadera autoridad sobre la paraestatal, así como un cambio en la manera de gestionar la empresa, sacándola del control de Hacienda.
 
 
The Economist se arriesga y propone que el gobierno de Peña trate de 'canjear' con el PRD una reforma política profunda por su respaldo a la liberalización del sector petrolero.
 
 
Creo que esa transacción no tiene futuro. Luego de que hace algunas semanas, la izquierda completa salió a rechazar la reforma constitucional, difícilmente va a dar ahora el sí.
 
Sin embargo, perder ahora la oportunidad de modificar las reglas en el sector, aún a costa de tener que excluir al PRD de esta iniciativa, puede determinar el curso del sexenio de Peña y más allá.
 
 
De hecho, la única reforma que puede propiciar un gran flujo de inversión en el corto plazo es la del sector de la energía. La de telecomunicaciones va a llevarse su tiempo y la hacendaria quizás incluso retraiga las inversiones.
 
 
Hacer una reforma energética a medias puede consumir el capital político acumulado por el Presidente Peña en un cambio sin trascendencia.
 
Y, puede hacer que pase rápidamente el 'Mexican Moment', desilusionando a quienes esperaban el gran momento de las reformas en el país.
 
 
El viejo adagio habla de que los políticos ven hacia la próxima elección mientras que los estadistas lo hacen hacia la siguiente generación. Probablemente, el gran momento de la definición de este gobierno llegue en los próximos meses y podamos observar si el Presidente de comporta como político o como estadista.
 
 
¿Se preservará el interés electoral del PRI y del equipo presidencial? O, como ocurrió en el caso de Baja California, ¿se tomarán decisiones trascendentes aunque haya que sacrificar el resultado electoral de corto plazo?
 
 
Estas son las preguntas que en estos días se están formulando en los círculos cercanos al Presidente, para las que, por ahora, no parece haber respuestas claras y contundentes.
 
 
Lo crucial es si el grupo reformista logra convencer a Peña de que hay que ir hacia adelante con el cambio constitucional.
 
 
Claro que si se lograra la operación política para hacer ese cambio y preservar el Pacto al mismo tiempo, no habría de otra que quitarse el sombrero frente a la capacidad de este gobierno.
 
 
 
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