Opinión

El Pacto cerró los ojitos


 
Puede ser que ayer el Pacto por México haya muerto, de muerte natural.
 
 
No sólo por la salida del PRD, sino porque el presidente Enrique Peña Nieto fue muy claro al asegurar que en las democracias debe prevalecer el interés de las mayorías.
 
 
Y si, la mayoría legislativa que se requiere para aprobar las reformas política y energética, la consiguen sin problemas los 52 senadores del PRI y los 38 del PAN, suficientes para garantizar las dos terceras partes del quórum requerido para validar las modificaciones.
 
 
Pero si el Pacto se murió, tampoco debe constituirse en una tragedia; los firmantes sabían que llegados los temas de discusión ideológica, como el asunto del petróleo, el acuerdo se rompería.
 
 
Al PRD le dolió que no fueran incluidas sus propuestas en el predictamen de la reforma política que dicen que no existe pero que todo mundo tuvo en sus manos ayer mismo.
 
 
No se incluyó el rebase de los topes de campaña como causal de nulidad de una elección –lo cual tiene su lógica–; tampoco se incluyó la supresión del financiamiento privado en las campañas; no se incluyó un apartado referente a las “cartas ciudadanas’’ que no son sino la reglamentación de la consulta popular –constitucionales desde hace más de un año– y la iniciativa ciudadana.
 
 
También fue desechada, por improcedente, la creación de la “chequera única’’, es decir, la facultad de que fue el Instituto Nacional de Elecciones el encargado de pagar a los proveedores de los partidos políticos en tiempos electorales para supervisarlos “en tiempo real’’.
 
 
Hasta el cierre de este espacio, el coordinador de los senadores del PRI, Emilio Gamboa Patrón, hacía esfuerzos por convencer a los perredistas, que estuvieron hasta la madrugada de ayer en las mesas de negociación de la reforma política, que regresaran a la discusión.
 
 
El esfuerzo del priista supuso posponer por 24 horas la convocatoria para que las cuatro comisiones encargadas de dictaminar la reforma política se instalaran; hoy están convocadas y no habrá otra prórroga, pues se espera que, con, sin o a pesar del PRD, el martes próximo haya reforma política.
 
 
Haiga sido como haiga sido.
 
 
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Resulta tan ridícula la acusación que hace uno de los criminales más buscados del país, Servando González alias “La Tuta’’, en contra de la senadora Luisa María Calderón, que lo único que evidencia es que la legisladora le atinó en su denuncia sobre la presencia de los “templarios’’ en el Senado.
 
 
Y de paso, valida las sospechas sobre los acusadores de la legisladora por revelar el encuentro.
 
 
O qué, ¿vamos a creerle al delincuente que solito, de su ronco pecho, sale a defender a los señalados como “probables’’?
 
 
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El domingo se cumple el primer año de la administración del presidente Enrique Peña Nieto.
 
 
Un periodo caracterizado por el afán de impulsar cambios estructurales que permitan transitar en mejores condiciones al país en los próximos cinco años.
 
 
Los resultados en materia económica y en el combate a la inseguridad no han sido ni los prometidos por el mandatario ni los esperados por la ciudadanía.
 
 
A la par, la conmemoración de este primer año estará marcada, como lo estuvo su toma de posesión, por manifestaciones organizadas por el PRD, pero esta vez en contra de la reforma energética, que es para Peña sin duda la madre de todas las reformas.
 
 
En este lance, el de la reforma, el presidente se juega todo su resto. Suerte.