Opinión

El 'Otoño Chino'

Se cumple una semana de continuas protestas y manifestaciones por las calles de Hong Kong. Son académicos, profesores universitarios, estudiantes, jóvenes profesionistas que salen a las calles a expresar su descontento. En una maniobra político-electoral, el gobierno central de Pekín pretendió mediante una reforma disfrazada de “democrática”, imponer un comité integrado por mil 200 personalidades de Hong Kong, la selección de candidatos a las elecciones locales. Es, como afirman los manifestantes, “un truco vulgar y ofensivo para hacernos creer que nosotros elegimos a nuestros representantes”.

Mediante el comité se pretende que todo aspirante a un cargo de elección municipal y de gobierno representativo frente a Pekín haya sido previamente autorizado y bendecido por la cúpula del partido comunista. Son miles los que han salido a las calles en diez días. Ha habido hasta ahora –según la policía– 78 detenidos por infringir el orden público. Los comandos policíacos que recorren las calles utilizan altavoces para anunciar que la protesta es ilegal, que no tiene autorización y que los manifestantes deben regresar a sus casas. Para contener a los manifestantes, la policía ha utilizado gas lacrimógeno, mezclado con gas pimienta y balas de goma. Es el aparto represor en su primera fase. Después vendrán los militares.

Los líderes estudiantiles, dos de ellos encarcelados que fueron liberados este fin de semana –como señal de reconciliación– han llamado a la desobediencia civil, como única alternativa para evitar lo que consideran violación a sus derechos y libertades. Hong Kong fue devuelto por Gran Bretaña en 1997 en una ceremonia espectacular y respetuosa que a muchos nos tocó transmitir por televisión. Se instaló el llamado “un país, dos sistemas”, proceso mediante el cual se reconocían y respetaban derechos y libertades ya existentes para la población bajo el régimen británico. Es decir, no había marcha atrás en la historia, sino que se garantizaba la continuidad para quienes ya gozaban de un modelo más abierto y democrático. El cálculo de Deng Xiaoping, líder supremo del partido y del Comité Central, era que gradualmente ese sistema de libertades fuera asumido por China continental. En 17 años, resultó en sentido opuesto.

Deng murió antes de la devolución británica, pero fue de hecho el precursor del acuerdo y la recuperación territorial. Resulta interesante que los manifestantes de hoy utilizan su imagen como el líder bajo cuya inspiración exigen respetar la apertura. Para el firme y hasta ahora represor gobierno central, parece un insulto que se atrevan a utilizar fotografías de Deng. Es importante señalar que en China continental no gozan de garantías y un sistema de mayor libertad como el que se vive en Hong Kong. Por ello los estudiantes están decididos a pelear en defensa de lo que tienen, porque si no, volverían al pasado controlador y maoísta. El 1 de octubre se celebra el Día Nacional de China, con el agravante de conmemorar el 65 aniversario de la Revolución. Un momento emblemático para la confrontación civil que hoy se vive.

El actual líder Xi Jinping está resuelto a impedir el avance de las manifestaciones o a modificar los términos de la reforma electoral que establece el consejo, vigente desde el 29 de agosto. ¿Puede ser acaso que 7.2 millones de habitantes puedan modificar un sistema que gobierna a más de mil 200 millones? El Otoño Chino puede ser lo más cercano a la Primavera Árabe, en el que la población civil salió a la calle a protestar contra su gobierno.

Twitter: @LKourchenko