Opinión

El obispón verde

 
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Obispo.

Gil pasó una noche toledana por el miedo a la degolladora de Chimalhuacán. No que Gamés viva en esa zona de la ciudad, pero contra lo que las personas piensan, el miedo anda en burros veloces. La lectora y el lector lo saben. Una misteriosa mujer degüella a sus víctimas al amanecer. Sale de su casa el hojalatero, camina bajo el frío del alba en Chimalhuacán por calles neblinosas del vapor de charcos y canales aledaños (como lo ven a Gil tupiéndole a la prosa de fuste y fusta), una mujer delgada se acerca y con la rapidez que otorga el odio mete el tajo en la garganta con la hoja filosa de un cuchillo que brilla en la oscuridad a la que el día le disputa su reino. No hay un patrón. Igual ataca a mujeres que a hombres a viejos que a jóvenes. Entonces Gilga pasa la noche toledana. Ustedes no están para saberlo, pero esa noche proviene de la oscuridad plagada de mosquitos que impiden el sueño. Como lo oyen, así lo contó Sebastián de Covarrubias y Orozco nacido en Toledo en 1539.

El obispón
Gil leyó con los ojos de plato las declaraciones del obispo José María de la Torre de la diócesis de Aguascalientes reproducidas en su periódico EL FINANCIERO. Si la lectora y el lector van a leer las comisiones declarativas del obispón, requerirán con urgencia de Tafil y Riopán. Este hombre, o lo que sea, de la Iglesia, comparó a los homosexuales con los diabéticos y los sifilíticos. Allá vamos: “Imagínense que de hoy en adelante los diabéticos sean dados de alta y que no vayan a recibir terapia al Seguro Social porque los médicos se pusieron de acuerdo en que ya no es una enfermedad. O decir que la sífilis es hoy una medalla de premio; que son honorables y van a ser reconocidos los sifilíticos y los gonorreicos”. Ciertamente, sí existen los retrógrados, no son un invento de los gobiernos de izquierda. Así se refiere el obispón a la homosexualidad: “son enfermedades, pudiéramos decir, de la familia contemporánea, unas más graves que otras, pero es necesario curarlas porque de otra manera la familia perecerá y perecerá la civilización entera”. ¿Cómo la ven? Con albur para que se asuste el obispo, resulta que los gays serán los culpables de un terrible cambio civilizatorio. En su cruzada contra las preferencias sexuales de las personas, José María de la Torre dijo esto: “el día de mañana un señor se podrá casar con un señor con un perrito o una perrita y van a adoptar perritos, dar herencia a los perritos y así, o sea que se abre la puerta a un experimento social peligrosísimo”. Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: ese experimento podría incluso inducir a que los obispos se casaran con sapos, pero cómo unir a dos seres idénticos como dos gotas de agua.

Bergoglio
Gamés está de plácemes, el Papa visitará México en 2016. Gran noticia. Con un buen viento, su Santidad podría en un acto de originalidad cantar un tango, digamos “Yo no sé que me han hecho tus ojos”, y con su bandoneón conquistar el corazón de todos los mexicanos. Un Papa que canta tangos, no estaría nada mal.

A Gilga no le toman el pelo: el Papa argentino encabeza la Iglesia a la que pertenecen personas como el obispón de Aguascalientes. Óiganlo decir que estará atento para ver de qué parte están el gobierno y los padres de familia, “si están de parte de la razón o de parte, precisamente, de los invertidos; ese es el problema, invertir valores, hay una filosofía perversa”. Gil oye cuchicheos entre los panistas de fuste y fusta. ¿Qué dice? Sólo Dios y los curas en el confesionario lo saben.
Gamés se persigna y repite la frase de Juan Pablo II: “La Iglesia es la caricia del amor de Dios en el mundo”. Mju. Cómo ño.

La máxima de Chesterton espetó dentro del ático de las frases célebres: “La Iglesia nos pide que al entrar en ella nos quitemos el sombrero, no la cabeza”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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