Opinión

El nuevo mundo

  
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Trump

El primer indicio sustentado en una votación popular abierta proviene del Brexit en junio. El referéndum mediante el cual los ciudadanos del Reino Unido expresaron por un reducido margen, su preferencia por abandonar la Unión Europea.

Pero tal vez los signos vengan de mucho tiempo atrás. De la composición de los Indignados en España, donde un segmento de la población expresó su ruidosa y notoria inconformidad con la economía española y las incapacidades del gobierno para ofrecer condiciones de equidad; o de los jubilados franceses inconformes con la reforma legal en que se modificó la edad de retiro y el paquete de prestaciones en Francia; o de la grave crisis griega por la irresponsabilidad administrativa y de gestión de gobiernos sucesivos en su esplendorosa entrada a la Unión.

Tal vez el reciente resultado del proceso electoral estadounidense sea la gota que derramó el vaso, al encontrar un amplio grupo social confrontado, dividido, eligiendo y votando contra el sistema, contra el establishment, contra la corriente considerada 'predominante'.

Las crisis expresadas arriba no pertenecen todas a fenómenos sociales semejantes, de índole política o económica. Son problemas diversos, multifactoriales, de orígenes divergentes y elementos políticos diferenciados. Sin embargo expresan de forma común el enojo y la molestia de extendidos sectores sociales, insatisfechos con sistemas, gobiernos, y con un mundo que consideran injusto y desigual.

Existe un sentimiento creciente de que los gobiernos existentes no funcionan, no responden a las necesidades y demandas de sus poblaciones. Sucedió en Estados Unidos con un gigantesco voto a favor del señor Trump (59 millones y poco más de votos) que expresó su simpatía por los excesos, las propuestas e ideas contrarias a los derechos humanos, a la apertura cultural y a la multidiversidad que distingue a ese país.

Pero sucedió también en Gran Bretaña cuando la población rechazó de forma mayoritaria el más destacado avance de integración, unidad comercial, monetaria, económica, política y de decisión compartida que la humanidad tenga en registro: la Unión Europea.

Pasa en Francia con una sociedad descompuesta, enojada, confrontada por una transformación demográfica que no sólo aceptó y pretendió integrar a los descendientes de sus colonias, sino que con ellos, a los creyentes de otras religiones y costumbres.

Un mundo que ha sido incapaz de distribuir de forma equitativa las bondades del libre comercio, que ha fracasado en buscar mecanismos eficientes de integración, de armonía, de concertación de soluciones.
Hoy triunfan nacionalismos a ultranza, conceptos de divisionismo, del regreso a nuestro territorio y sus fronteras que rechaza lo ajeno, lo otro, lo diverso. Cuando Huntington describió la “confrontación de las civilizaciones” de las culturas entre Oriente y Occidente, preveía un mundo integrado, interrelacionado, interdependiente, de crecientes sistemas democráticos (Occidente) en choque con uno de la edad media, de caciques y patrones, de machismo y sometimiento por la fuerza (Oriente). Hoy vemos el rechazo a la integración; vemos la negación de sistemas multinacionales como herramientas útiles para evitar conflictos y para resolver controversias. El Reino Unido rechaza la Unión, por lo menos una parte de su población, aunque no sabe muy bien cómo hacerlo ni lograr el equilibrio entre las ventajas y la eliminación de costos.

El nuevo Washington de Trump buscará renegociar el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN), en el mejor de los casos, y cancelarlo o salirse, en el peor, si no estamos de acuerdo en las condiciones que imponga.

El mundo hace un viraje al pasado, vuelve la vista a fórmulas añejas en busca de soluciones para problemas modernos, contemporáneos, complejos y de difícil solución. Trump será incapaz de devolver fábricas a Detroit o impedir que las multinacionales permanezcan en territorio americano, tendría que romper la ley (fiscal, económica, territorial, etcétera) para conseguirlo. Como tampoco lo serán los nacionalistas británicos de reabrir minas y reincentivar el empleo con los fondos que se ahorren al salir de la Unión.

Se construyen narrativas falsas, que atraen a ciudadanos legítimamente enojados, resentidos, dolidos por un desarrollo y un crecimiento que los ha olvidado, marginado. Trump ganó en Pensylvania, Wisconsin y Michigan, justamente por estas razones, pero en muchos otros estados también por razones muy semejantes.

Las filosofías antiguas (orientales y prehispánicas) hablan del ciclo de los tiempos como oportunidades de renovación, reinvención. Estos tiempos de transición nos obligan a reinventar nuevas fórmulas sociales de bienestar, de convivencia, de tolerancia, porque este escenario de nacionalismos exacerbados, no ofrece mayores alternativas

Twitter: @LKourchenko

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