Opinión

El nuevo impulso que surge en EU



 
La economía de Estados Unidos tiene 2 caras. Es tarea nuestra aprovechar la mejor de ellas.
 
Una cara es la que aparece en Washington, y preocupa cíclicamente a los mercados financieros cuando se habla de los problemas fiscales del gobierno estadounidense.
 
La otra es la que se aprecia en el día a día del sector productivo estadounidense, así como en algunos gobiernos locales, y que es la que explica el impulso al crecimiento que persiste en medio de los desacuerdos políticos.
 
La revista The Economist dedicó su número de esta semana al tema del renacimiento de la competitividad estadounidense.
 
Y se habla de renacimiento porque el retroceso de los años anteriores es innegable.
 
De acuerdo con el World Economic Forum (WEF), hace 4 años Estados Unidos aparecía en el primer lugar en competitividad. El reporte más reciente lo coloca en el séptimo puesto.
 
Pero lo más crítico para Estados Unidos es que esté en la posición 111 en cuanto al ambiente macroeconómico, lo que refleja el desastre de la situación fiscal del gobierno federal.
 
Lo contrastante del caso es que mientras sus políticos hunden la competitividad, los productores estadounidenses la empujan hacia arriba.
 
El caso más llamativo es el boom energético del estado de Texas y otras entidades.
 
El desarrollo de la tecnología del fracking ha generado un salto energético y abaratado el gas natural desde hace varios años, aumentando la competitividad de las industrias intensivas en energía, así como reduciendo el gasto que tienen que desembolsar los hogares.
 
La producción del shale-gas prácticamente se triplicó en el último lustro y el precio cayó de niveles de 12 dólares en 2008 a poco menos de cuatro en la actualidad, aunque estuvo incluso apenas por arriba de 2 dólares.
 
En el caso específico de Texas, el crecimiento de su PIB en 2011 (el año más reciente para el que hay registros oficiales) fue de 3.3%, que contrasta con 1.8% del conjunto de la economía de EU.
 
Otros cambios van a asuntos profundos, como la educación, en la que se ha hecho una reforma profunda. Ya hay cerca de 25 estados en los que la evaluación de los maestros en los sistemas públicos de educación se realiza en función del desempeño de sus estudiantes.
 
Los gobiernos locales más que el federal han empezado a encontrar fórmulas para involucrar al sector privado en el financiamiento de renovación de infraestructura, tópico en el que está en el lugar 14 en el ranking del WEF.
 
Igualmente, la competencia por las inversiones ha conducido a una mejor regulación en escala local.
 
Para México, es una excelente noticia que existan estos impulsos en la economía estadounidense.
 
Hay quienes piensan que nuestro país es desafortunado por la cercanía a Estados Unidos, pues nos hace dependientes del ciclo económico de ese país.
 
En mi perspectiva, la situación es la opuesta desde hace ya un par de décadas.
 
Es cierto que crisis como la de 2008-2009 nos pegan con más fuerza que a otras naciones, pero también lo es que estamos en posibilidad de aprovechar mejor el dinamismo de EU.
 
Los datos revelan que entre las economías desarrolladas más grandes, la de Estados Unidos es la que muestra un mayor dinamismo.
 
No es casualidad que las exportaciones de manufacturas, que van principalmente a nuestro vecino del norte, se hayan multiplicado 6 veces de 1994 a 2012, lo que significa una tasa anual media de 10%.
 
Si el conjunto de la economía creciera así, otra sería nuestra historia.
 
La clave hoy es aprovechar el nuevo impulso al crecimiento que se gesta en EU, y conseguir que el conjunto de la economía mexicana se enganche a él y no sólo unos cuantos sectores.
 
enrique.quintana@elfinanciero.com.mx