Opinión

El Nobel no hace justicia a José Maurício Bustani


 
El premio Nobel de la Paz, a menudo polémico, se devaluó mucho desde que fue conferido en 2009 a un Barack Obama que tuvo el acierto de terminar la ocupación de Irak, pero que en cambio mantuvo la bota del Pentágono en Afganistán (otra guerra perdida) y lanzó una campaña de asesinatos con aviones teledirigidos, al precio de miles de víctimas inocentes.
 
Por eso causó tanta suspicacia que el comité noruego del galardón decidiera su entrega este mes al Organismo para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) de Naciones Unidas, en plena crisis siria y cuando Obama estuvo al borde de ordenar un bombardeo a Damasco para inclinar la balanza de la lucha en favor de los extremistas de Al Qaeda, utilizando la fabricación de un ataque a civiles con armamento de ese tipo que la comunidad mundial no se tragó. En todo caso, el Nobel llegó tarde para el OPAQ y su exdirector general, el embajador brasileño José Maurício Bustani. Esta es la historia:
 
Nombrado primer director general del OPAQ en 1997, Bustani pronto se encontró en la lista de enemigos del régimen Bush, tras su reelección unánime en mayo de 2000. La causa fue su decisión de negociar de verdad con Irak, para persuadir a Sadam Husein de firmar el tratado en la materia, aceptar inspecciones ––lo que acaba de hacer Siria–– y, por tanto, despojar a la Casa Blanca de uno de sus principales argumentos para invadir al país árabe.
 
 
Hostigamiento
 
El trabajo imparcial e independiente de Bustani no podía ser tolerado y correspondió a John Bolton, subsecretario de Estado y luego embajador sin confirmación en la ONU, enderezar una serie de presiones contra el diplomático que llegaron hasta el grado de entrar en su oficina y anunciar que sería despedido. Bolton, uno de los neocons más burdos, intentó hacer lo mismo contra Hans Blix, jefe de los inspectores de armas, y Mohamed ElBaradei, titular de la Agencia Internacional de Energía Atómica, que resistieron y, a la postre, exhibieron la mentira de las “armas de exterminio masivo” cacareada por los Bush, Blair y Aznar.
 
 
Bustani cayó en 2002, víctima de una votación interna en el OPAQ; sin embargo, recuerda Consortiumnews, la corte de la Organización Mundial del Trabajo falló en su favor y ordenó una compensación moral y económica, que donó a los programas de cooperación del organismo. Hoy, el OPAQ es encabezado por Ahmet Uzumcu, exembajador turco en la Alianza Atlántica e Israel. Pero esos antecedentes sólo son una casualidad, por supuesto.