Opinión

El Nobel debe redimir al OPCW de Ahmet Üzümcü


 
Con su nuevo y enorme golpe periodístico, del que damos cuenta en estas páginas, Seymour Hersh confirma lo que sospechábamos: Que la administración Obama, presionada por Arabia Saudita e Israel, manipuló las pruebas del “ataque químico” contra civiles en Damasco para lanzar una ofensiva sobre Siria, cuyos resultados, como advirtió todo el mundo, a excepción de los países citados, Francia y Gran Bretaña, habrían incendiado a Oriente Medio.
 
 
Para fortuna de la comunidad civilizada, sin embargo, esta vez la cordura prevaleció incluso dentro del Pentágono y de importantes sectores del establecimiento legislativo de Estados Unidos, que se opusieron a la demencial aventura bélica y que se pronunciaron ––como ocurrió en la rebelión parlamentaria contra David Cameron en Londres–– en favor de la estrategia de diálogo y negociación promovida por Rusia e Irán. El resto de la historia también es conocido: Al frenar la guerra, Moscú consolidó su ascenso en la arena internacional y Teherán allanó el camino para el acuerdo de noviembre que puede conducir al fin de las sanciones y al restablecimiento de relaciones diplomáticas con Washington.
 
Vale la pena mencionar todo lo anterior porque hoy, en Oslo, el Nobel de la Paz será entregado al Organismo para la Prohibición de las Armas Químicas (OPCW) y su director general Ahmet Üzümcü, que están cumpliendo hasta el momento, con grandes dificultades, el desarme químico que aceptó el presidente sirio Bashar el Assad a cambio de eludir la ofensiva aliada. Pese a que el proceso está en curso y que el premio no atraviesa por una de sus mejores etapas, pues se halla crecientemente desprestigiado, no hay duda de que contribuirá, en alguna forma, a redimir la historia del OPCW, instrumento de una fabricación casi idéntica, en palabras de Hersh, a lo que este año intentó hacer la Casa Blanca.
 
 
Acoso
 
Nos explicamos: Previo al asalto de Bagdad, el régimen Bush hostigó a José Maurício Bustani, entonces titular del OPCW, para que avalara sus falacias sobre el “armamento químico de Sadam Husein” y así la agencia especializada de Naciones Unidas diera su bendición al ataque. Bustani fue removido en una votación interna del organismo, al negarse. Sin embargo, se ocupó de limpiar su nombre y en una demanda, el tribunal administrativo de la Organización Internacional del Trabajo falló a su favor y ordenó que fuera indemnizado. Hoy, con Üzümcü al frente, la tarea del OPCW debe marchar por la misma senda de independencia e imparcialidad.