Opinión

El niño se encerró en su cuarto

    
1
  

   

Ricardo Anaya. (Cuartoscuro/Archivo)

Y con las llaves de la casa. Así es, Ricardito se ha encerrado y no quiere salir. Adentro de la casa cunde la desesperación, pues entra agua por todos lados y es inminente la inundación. El niño cogió las llaves, se metió a su cuarto y le puso el seguro. Los habitantes de la casa se han arremolinado junto a la puerta del baño para tratar de convencer de distintas maneras al niño de que abandone la recámara o que suelte las llaves, porque se corre peligro con la inundación que ya cubre la planta baja.

Preocupados, los que también viven en el inmueble se turnan para hacerle llamados en los más distintos tonos:

–¡Ricarditooooo!, abre la puerta por favor, nos podemos ahogar. Lo tienes que entender, este no es un juego –le dice uno.

–No le grites, a lo mejor se enoja más, ya ves cómo son estos niños de hoy, agarran berrinche y nomás no hay manera.

–No, no, déjenme en paz, yo tengo mis propios tiempos –se oye que contestan de adentro de la habitación.

–Pero cuáles tiempos, si ya todos los demás salieron de sus casas, somos los únicos que la tenemos inundada… ¡con nosotros adentro! No nos puedes hacer esto, Ricardito, no te elegimos para eso.

–Me vale. Voy a ver Star Wars y Game of Thrones. Ya hablé con los vecinos de la otra calle y me van a rescatar, y nos vamos a ir juntos todos, con ustedes o sin ustedes –contesta subiendo el volumen de la tele.

–¿Cuáles vecinos? ¿De qué hablas? ¿Estás bien? –pregunta otro de los desesperados.

–Es que sus nuevos amigos son los de la Calle 13. Ha estado platicando mucho con ellos. Les cree todo. Son sus ídolos. Ya ves que a esa edad uno es muy impresionable –explica otro.

–Dios mío, Ricardito, cómo es posible que les creas. Tú no conoces a esa gente, no van a venir por ti para ayudarte. Son de lo peor, te van a quitar las llaves, se van a llevar la ropa, las televisiones, la platería… nada más ve lo que hicieron con su propia casa: casi la queman, se saquearon así mismos, ya casi nadie quiere vivir ahí.

–Son mis amigos y quiero jugar con ellos –responde el interpelado. Y no me digan Ricardito.

Los preocupados se alejan de la puerta y proponen acciones desordenadamente.

–Hay que hablarle a Santiago –dice uno.

–Ya no influye en él –dice el otro. Es un artículo de adorno.

–¿También ahí? –pregunta otro, que recibe miradas de reproche.

–Creo que se metió con un Nintendo y no saldrá nunca.

–Hay que hablarle de una manera que entienda: Ricardo, nos tienes que dejar salir a defendernos. Haz de cuenta que López Obrador es como Godzilla y entonces acaba con todo y todos morimos. O sea, muy grueso, Ricardo…

–Ya cállate, esto es serio. Creo que hay que hablarle a Videgaray.

–¿A Videgaray? No va a funcionar, porque Luis se enojó con él, por eso se fue con los de la calle 13. Se sintió abandonado.

–Hablemos fuerte –tercia otro. Ricardo, abre la puerta. Nos vamos a ahogar por tu culpa. Esto no es un juego, esto no es Peppa Pig. Abre, carajo.

¿Abrirá Ricardito la puerta del cuarto? ¿Dejará que se ahoguen todos en la casa blanquiazul? ¿Lo salvarán sus amigotes de la Calle 13? ¿Tirará las llaves de la casa por la ventana para que nadie salga?

No se pierda las aventuras de: Ricardito va a Los Pinos. Una serie producida por Jesús Ortega y Alejandra Barrales.

Twitter: @JuanIZavala

También te puede interesar:
Que gane Claudia
¿A dónde vamos a parar?
Odebrecht, ¿más de lo mismo?