Opinión

El negocio democrático

 
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Fuerzas políticas realizarán foros para opinar sobre ley anticorrupción. (Senado de la República)

Con la novedad de que hay una cosa que se llama “Asignaciones a Grupos Parlamentarios” en el Senado de la República. Gil vivía en la ignorancia de ese paraíso de los millones en el cual viven los partidos políticos. Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gilga se enteró, con los ojos de plato, que cada uno de los miembros de la bancada del Partido Verde Ecologista en el Senado ha recibido más de 30 millones de pesos desde que inició la Legislatura y hasta mayo de este año sólo por concepto de asignaciones. Gamés lo leyó en su periódico Reforma. Como lo leen y lo oyen. La nota de Claudia Guerrero explica que el PVEM disfruta de la bolsa discrecional más grande según la distribución per cápita de “Asignaciones a Grupos Parlamentarios”.

Si Gil ha entendido algo, cosa improbable, esta partida de cuatreros de la democracia mexicana ha descubierto que se pueden hacer ricos sin correr el riesgo de robar un banco y huir de la policía bajo una lluvia de plomo. El único pequeño tiroteo que han soportado estos próceres del cinismo y la transa son las multas que les ha impuesto el Instituto Nacional Electoral y cuya realización decidirá el Tribunal.

Lectora, lector: si están sentados, párense; si están parados, siéntense. No empiecen con sus cosas y lean y oigan esto: “Documentos de la unidad de pagos a senadores revelan que, desde que arrancó la Legislatura el PVEM ha recibido 210 millones de pesos. Esta cantidad es adicional a los recursos erogados por dietas, apoyos y pagos por ocupar la presidencia o la secretaría de la comisión legislativa”.

El cucharón
Los muchachos del verde se despachan con el cucharón del puchero: Arturo Escobar, Jesús Sesma, Tomás Torres, Carlos Puente y otros roedores de la democracia (a Gil le gustó utilizar la palabra roedor) que incluyen desde luego al eternamente joven Emilio González y al eternamente empresario Alberto Cinta. Por cierto, si en un universo paralelo, Gamés hubiera sido consejero electoral, desde luego que habría votado por retirarle el registro al Verde. De hecho, en ese universo, el Verde no existe más. El corazón simple de Gilga pregunta al viento: ¿qué es mejor para la democracia mexicana, que el partido Verde exista o que no exista? En las circunstancias actuales, cavila Gamés, todos resultaríamos gananciosos si la autoridad le hubiera retirado el registro el Verde. Oh, sí.

Más millones
La misma nota de Claudia Guerrero informa: El Senado ha depositado en las cuentas del PT 160 millones de pesos. El PAN ha recibido 980 millones de pesos, un promedio de 25 millones por senador. Cada uno de los perredistas ha recibido 25.6 millones de pesos de una bolsa de 563.6 millones. La bancada del PRI ha recibido mil 363 millones, es decir 25.2 millones por cada uno de sus 54 integrantes. Los ojos de plato de Gilga se volvieron platones. Caracho, qué danza millonaria.

Aquí viene lo bueno: “según el Senado, las erogaciones por concepto de asignaciones de las bancadas pueden ser utilizadas para el pago de consultorías, estudios, investigaciones y asesorías, personal de los grupos, gastos de comunicación social, impresión y publicación de informes, gastos de viajes y reuniones, así como erogaciones por concepto de tenencias vehiculares”. O sea, ese dineral es para lo que se les ocurra a los senadores: para viajar, para grillar, para comer, para consultar, para su avena, para los frutilupis con que llenan su cabeza. En fon, el reino de la opacidad, del dinero bajo cuerda, debajo de la mesa, de la discrecionalidad. La investigación de Guerrero concluye: “El Senado no ha presentado las nuevas reglas con las que pretende homologar el ejercicio de ‘Asignaciones a Grupos Parlamentarios”.

Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: la verdad sea dicha (muletilla pagada con las asignaciones de Morena), a cambio de tantos millones tenemos unos productos políticos malísimos en su inmensa mayoría. Es decir, resultan primero que nada carísimos, luego en muchos casos inservibles y luego en otros indeseables. Y lo malo es que no se pueden devolver, como cuando uno compra algo que resulta un fiasco. Es que de veras.

La máxima de Wilde espetó en el ático de las frases célebres: “En estos tiempos, los jóvenes piensan que el dinero lo es todo, algo que comprueban cuando son mayores”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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