Opinión

El negocio de la mentira (o ¡dale click! No creerás lo que sucedió después)

 
 
 

 

Clickbait

El sábado por la tarde comencé a ser testigo, sin buscarla ni temerla, de un debate alrededor de los pros y contras de prohibir el reggaetón. La razón por la que fui involucrado en la conversación la entendí después de una cascada de notificaciones en las redes sociales: aparentemente algunos diarios digitales empezaron a publicar como cierto el rumor que sostenía que yo promovía una iniciativa para penalizar dicho género musical en el país. Por más extraño y loco que parezca, durante los siguientes días la polémica tomó tanta fuerza que tuve que desmentir la noticia.

Más allá de la carcajada que podría provocarnos la experiencia, creo que es importante ahondar sobre el tema, pues nos encontramos en la era del consumo masivo de información, hiperconectada, que busca contenidos velozmente, pero que poco se detiene a analizar la veracidad de lo difundido.

Hagamos memoria, no han sido pocas las ocasiones en las que en un grupo de WhatsApp de la familia o el trabajo has, o te han, enviado notas sensacionalistas que, al cabo de unas horas, los participantes del chat señalan como mentiras.

Estos chismes nacen porque hay sitios dedicados a hospedar falsedades para hacer dinero a partir del engaño. Pero antes de hablar sobre su forma de conseguir lana, hablemos de su modelo conocido como “anzuelo o carnada de clicks” (o como le dicen en inglés, clickbait). Éste consiste en redactar una noticia que causará revuelo, que se propagará por las redes sociales y que generará muchísimas interacciones.

¿Cómo? Utilizando encabezados que combinan dos elementos: un personaje de interés público, ya sea por la estima o la desaprobación que convoca, y un acto o declaración inverosímil que despierta inmediatamente una reacción en quien la lee.

Algunos de los encabezados que les he visto combinan a deportistas, instituciones, personajes de la farándula y políticos junto a las declaraciones más insólitas. Todo acompañado de una nota escueta en donde nunca se señalan evidencias o se remite a una fuente fidedigna que pudiera permitirnos corroborar la autenticidad de un hecho o una declaración.

A mí me ha tocado ser de los afectados con el tema del reggaetón, pero también con otros más como la aprobación de la pena de muerte o con quitarle el registro al Partido Verde a través de una iniciativa legislativa (lo cual además es imposible, pues quitar el registro a un partido ocurre sólo si obtiene una baja votación en las elecciones).

Los sitios dedicados a generar noticias falsas no buscan divulgar información para que sus lectores puedan tomar mejores decisiones en su vida. Tampoco intentan hacer reír o generar una crítica, como sí lo persiguen los medios satíricos o de parodia.

Los medios que se especializan en la divulgación de mentiras lo hacen con el objetivo de atraer ojos a sus páginas de Internet y, por consecuencia, que compañías como Google AdSense o Content.ad les entreguen recursos por ser sitios con una gran visibilidad y tráfico. Es decir, cada vez que entras a estas páginas del escándalo, más y más dinero obtienen vendiéndole publicidad al mejor postor.

Quizás esto podría verse como un fraude sin importancia, como una vagancia o un juego para la inteligencia. Nada más alejado.

Este tipo de páginas, por su enorme capacidad para diseminar mentiras por todo el Internet, pueden hacer mucho daño a sus lectores, a las personas a quienes señalan las noticias e incluso pueden ser dañinas para la democracia.

Ya hay hechos que lo prueban, pues las llamadas fake news fueron utilizadas como uno de los mayores mecanismos de guerra sucia en la última campaña presidencial en Estados Unidos; incluso lo vimos en el Estado de México, pues este año en las elecciones para la gubernatura fueron utilizadas como herramientas para desprestigiar al oponente inventando declaraciones, delitos y demás difamaciones. Por eso, podemos estar seguros que estas herramientas serán una constante para el próximo proceso electoral.

Así que en lo sucesivo debemos ser más cuidadosos para no caer en las garras de estos 'ciberchismógrafos'. Un consejo que funciona es revisar el contenido que previamente ha publicado esa página, pues usualmente sus encabezados son joyas de la exageración.

También es importante ir a las fuentes oficiales de las entrevistas y, desde luego, analizar los enlaces de las páginas, ya que en algunas ocasiones se parecen a los nombres de medios serios, pero tienen una modificación en la dirección.

Finalmente, si todo esto falla, es conveniente ir a los medios de comunicación en quienes confiamos para confirmar la noticia. De nosotros depende lograr la quiebra de estos negocios ilegítimos, pero más importante aún, volvernos consumidores de información más entrenados y atentos de lo que leemos y compartimos.

Twitter: @pkumamoto

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