Opinión

El nazismo está vivo en Alemania

16 octubre 2017 5:0
 
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Nazi

En las elecciones generales de Alemania el 24 de septiembre pasado la canciller Ángela Merkel (AM), de 63 años, fue reelegida por cuarta vez consecutiva, su mandato se extenderá hasta el 2021. La coalición de los partidos Unión Democrática Cristiana (CDU por sus siglas en alemán) del cual AM es presidente, y la Unión Social Cristianos de Baviera, obtuvo 239 curules en el Parlamento (Bundestang) 32.9% de el total, una pérdida de 7.3% de los votos respecto a los pasados comicios del 2013, este bloque calificado de conservador, perdió alrededor de 2.5 millones de votantes, de los cuales alrededor de un millón se desplazaron a la extrema derecha.

El partido social Demócrata, liderado por Martin Schulz, fue el segundo más votado, ganó 149 asientos en el Parlamento, 20.06% del total; registró los peores resultados desde 1949 con una pérdida de 5.0% de votos. En el tercer lugar llegó al Parlamento por primera vez con 94 escaños, 13.0% de el total, el partido alternativa por Alemania (que se fundó en febrero del 2013, cuando logró el 4.7 (AFD por sus siglas en alemán) del total de votos cuyo porcentaje no le permitió el acceso al Parlamento. AFD surgió con una ideología euroescéptico, con un programa de rechazo al Euro y de los rescates de los países periféricos y la vuelta al marco alemán.

En las pasadas elecciones de septiembre sumó 5.8 millones de votos. Los líderes de este partido de extrema derecha han declarado una guerra al islam en virtud de que consideraron que “la islamización de la sociedad alemana pone en peligro el Estado de derecho”, culpan al gobierno de la política de puertas abiertas que permitió la entrada de más de un millón de refugiados, de un supuesto aumento de la criminalidad perpetrada por los musulmanes. AFD busca reproducir el éxito de otras fuerzas políticas populistas de derechas como la holandesa de Geert Wilders, que han convertido a la religión musulmana en su principal enemigo y han logrado un enorme apoyo electoral.

Para AFD el Islam no pertenece a Alemania, país en el que viven aproximadamente 5 millones de musulmanes. Entre las propuestas que ha presentado este partido está la eliminación de los minaretes de las mezquitas que consideran “imperialismo religioso”; piden también estrictos registros de organizaciones islámicas y defienden la prohibición del uso del pañuelo para las funcionarias. Para AFD la religión musulmana es “una doctrina política” que se rige por ley islámica (saharia); la retórica y la violencia terrorista encuentran sus raíces en el Corán.

En este contexto, el análisis de los economistas Markus Gehrsitz y Martin Ungerer realizado hace pocos meses en relación a el efecto de los refugiados en la sociedad alemana, contradicen las motivaciones de los votantes de AFD. Ciertamente, la entrada de refugiados ni ha desplazado de sus empleos a los alemanes nativos, ni tampoco ha contribuido a incrementar el crimen, con la excepción de una cierta influencia en el tráfico de drogas y en la resistencia a pagar el transporte público. Los citados economistas mencionan que de acuerdo a un análisis comparativo entre el año 2013 y el presente, no existe una relación entre la cantidad de refugiados que se habían instalado en un determinado distrito electoral y el aumento del voto por AFD en ese mismo distrito, en consecuencia el voto por AFD no representa una reacción a problemas específicos de convivencia; por lo demás, ADF logró el mayor incremento de votos en aquellos distritos electorales donde había aumentado la presencia de emigrantes. La clave está en que la entrada de más de un millón de inmigrantes ha representado una oportunidad para que el populismo xenófobo alimente los peores instintos nacionalistas de los alemanes, reminiscencias de la Alemania de Hitler.

El votante medio de AFD no votó por ese partido por su experiencia vivida con inmigrantes, sino por el temor de lo que cree va a vivir en el futuro próximo; estas expectativas están motivadas por “la intoxicación mediática y partidarista sobre la realidad del país; la estrategia de este partido ha sido azuzar los instintos dormidos del nacionalismo alemán a cuenta de la crisis de los refugiados para medrar a aquellas comunidades nacionalistas que históricamente han brindado apoyo a partidos xenófobos y nacionalistas”.

El entorno del triunfo electoral que alcanzó AFD, el Presidente del Consejo Judío Europeo, Moshe Kantor, expresó su preocupación por la entrada de ese partido al Parlamento Alemán, confiando en que los partidos del centro se aseguren de que los neofascistas de AFD no tengan representación en la próxima coalición de gobierno. Tras la victoria de la Unión Democrática Cristiana y el quiebre de la coalición que mantenía con la Social Democracia de Martin Schulz, el partido de AM debe negociar el apoyo de partidos más pequeños para llegar a una mayoría. Se espera que la negociación se centre en el partido verde y el liberal, lo que dejaría fuera a la izquierda y a AFD. Kantor confía en que AM no incluya en la negociación a AFD: “la Canciller AM ha mostradod tremendo coraje y convicción en su apoyo al surgimiento de la vida judía en Alemania y ha sido una ferviente defensora del Estado de Israel, tanto a nivel nacional como dentro de la Unión Europea”.

En el presente 150 mil personas de 82 millones en Alemania se identifican con el judaísmo; el viejo antisemitismo ha renacido, más bien, nunca murió. El escritor Tuvia Tenenbom en su libro, Duermo en la habitación de Hitler (2011), describe la percepción actual que los alemanes tienen sobre los judíos; en varias páginas detalla diversas expresiones de antisemitismo solapado; los judíos siempre son histéricos, son los responsables de la crisis financiera, acaparan los mercados y los medios de comunicación. Sin embargo, la penalización de los discursos de odio en Alemania obliga al uso de expresiones mesuradas. En este sentido, rechazar públicamente en Alemania la existencia de el Holocausto, es un delito. El tercer párrafo del artículo 130 del Código Penal alemán califica el negacionismo de este hecho histórico como incitación al odio. Esto puede ser castigado hasta con 5 años de prisión efectiva.

A pesar de la continua reflexión sobre su pasado y el inequívoco rechazo de los alemanes al periodo del nacionalsocialismo, “Hitler sigue siendo la figura que acuña el negativo de la historia reciente del país”. El antisemitismo es una realidad hoy día en Alemania, se atacan sinagogas, e insultan y agreden a judíos en las calles, muchos judíos están temerosos y procuran ocultar públicamente su identidad para no ser lastimados. El antisemitismo no sólo proviene de los neonazis alemanes, sobretodo se genera entre musulmanes residentes en Alemania (5 millones) que son estimulados por la cultura de odio que promueven clérigos en las mezquitas.

Así, la lección más importante de los resultados de las pasadas elecciones generales de septiembre pasado en Alemania, es que los pilares de la sociedad abierta de ese país deben estar alertas frente a los propagandistas de derecha e izquierda que tratan de derribarlos. 

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