Opinión

El Napoleón Rojo que liberó a Indochina


 

Combatió a Japón, a Francia y a Estados Unidos y de todas sus largas batallas salió victorioso. El viernes, en un hospital de Hanoi, falleció a los 102 años el general Vo Nguyen Giap, uno de los últimos supervivientes de la generación que erradicó al colonialismo en la postguerra.

 


 

Nacido en la provincia de Quang Binh, en lo que sería Vietnam del Norte hasta la reunificación en 1975, con una derrota para Washington cuyos ecos siguen influyendo hoy, Giap ni siquiera tuvo entrenamiento militar formal, pero pronto demostró que estaba llamado a ser uno de los grandes genios de la estrategia bélica en el siglo XX, al unirse a la insurgencia antijaponesa en la posesión gala de Indochina. Ferviente estudioso de la Revolución Francesa, de Lenin y de Marx, pero sobre todo de las enseñanzas de Mao Zedong para combinar la prédica comunista con las tácticas guerrilleras, fue seleccionado por Ho Chi Minh, fundador del partido vietnamita, para dirigir al Viet Minh, milicia de la Liga Independencia.

 

 

Cerco


 
 

En 1954 empezó a escribir la historia, con el sitio de ocho semanas a la fortaleza de Dien Bien Phu, cerca de la frontera con Laos y que en algún momento se creyó inexpugnable por su simbolismo político; si caía, como ocurrió, París perdería la guerra y la “teoría del dominó”, lanzada por EU para justificar su entrada a la lucha, comenzaría a hacerse realidad.

 

 

El conflicto con los nuevos invasores alcanzó un salvajismo pocas veces visto. Intoxicados por su propaganda, que hablaba de la urgencia de “frenar al comunismo” y “contener a la Unión Soviética y China”, Kennedy, Johnson y Nixon nunca comprendieron por qué no podían superar a un adversario tan atrasado y pobre. Giap y Ho sabían, en cambio, del nacionalismo del pueblo y de la lealtad de sus campesinos.

 

 

La ofensiva del Tet en 1968 marcó el principio del fin para el Pentágono. Las manifestaciones contra la guerra y el movimiento por los derechos civiles arreciaron en EU. Los criticos no vacilaron en resaltar el terrible costo del triunfo para el Viet Cong y el ejército norvietnamita: 2.5 millones de muertos, sobre una población de 32 millones, por 58 mil estadounidenses. Como Mao y Stalin, Giap nunca reparó en el sacrificio humano y subrayó que “nada es más precioso que la libertad”.

 

 

Removido del mando directo en 1973, posiblemente por enfermedad, Giap permaneció como ministro de Defensa y supervisó la invasión a Camboya para expulsar al régimen genocida de Pol Pot, si bien nada pudo hacer cuando China lanzó una poderosa ofensiva fronteriza en ese mismo 1979, para consolidar su hegemonía regional. Quizá por ello en sus últimos años, lúcido, el general apoyó las reformas económicas de mercado e incluso un acercamiento con el viejo enemigo.