Opinión

El mundo va a una velocidad y México a otra

 
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Ángel

Los cambios que hemos vivido en esta generación en materia de tecnologías de la información y las comunicaciones han sido tan rápidos que hacen que nuestros hijos no puedan siquiera imaginar que tuviéramos televisiones en blanco y negro, teléfonos públicos de ‘moneditas’, máquinas de escribir o presentaciones en acetatos.

Difícil imaginar hoy un mundo sin celulares, internet o computadoras, plataformas como Google donde podemos encontrar información sobre cualquier tema que nos interese, o redes sociales para comunicarnos de formas que jamás habíamos soñado. Estos cambios han producido sin duda mayor productividad y una mejor calidad de vida para buena parte de la población.

En este contexto, las estadísticas de economía digital de la OCDE tienen un cuadro que lleva como título: Prácticamente todos los jóvenes en la mayoría de las naciones están usando internet.

Salvo que México en ese cuadro está en el último lugar con 68.1 por ciento de los jóvenes entre 16 y 24 años que usan internet y cuando hablamos de la población adulta también ocupamos ese lugar con sólo 41.7 por ciento de los adultos usando internet.

Si eso es en tecnologías de la información, cabría preguntarse:  ¿a qué velocidad vamos en materia de satisfactores básicos?, ¿cómo nos comparamos con la generación de nuestros padres?

La respuesta a estas preguntas implican obtener información retrospectiva del hogar en que crecimos, es decir, como vivíamos cuando éramos chicos, si teníamos acceso a satisfactores básicos, por ejemplo, energía eléctrica, estufa, refrigerador, etcétera.

La información del módulo de Movilidad Social Intergeneracional publicado recientemente por el Inegi permite indagar sobre las condiciones de vida de la población de 25 a 64 años de edad cuando estas personas tenían 14 años (es decir en el hogar en que crecieron) y poder comparar las diferencias.

De acuerdo al módulo citado, 93.7 por ciento de la población hoy tiene agua entubada en su vivienda, 99.6 por ciento dispone de energía y 91.6 por ciento cuenta con estufa de gas o eléctrica, situación muy diferente a lo que ocurría en un buen porcentaje de la población en los hogares en que crecieron: 42.4 por ciento de la población que hoy cuentan con agua entubada en su casa no tenían ese servicio en su hogar cuando tenían catorce años, 26.2 millones de personas, y en el caso de la energía eléctrica 18.2 por ciento, 11.4 millones.

De igual manera, no disponían de estufa de gas o eléctrica en su casa 31.1 por ciento de los que ahora la tienen. Imaginemos el cambio en las condiciones de vida de estos mexicanos por tener esos servicios.

No obstante, otros cambios van extraordinariamente lentos.

La encuesta permite identificar si algún miembro de la familia en la que viven actualmente cuenta con servicios y cuentas bancarias y si algún miembro de la familia contaba con ellos en en el hogar en que crecieron.

De acuerdo a la encuesta sólo en 35.6 por ciento de las viviendas alguna persona tiene cuenta bancaria y 18 por ciento tarjeta de crédito, mientras que en la vivienda de origen, cuando tenían 14 años, las cifras eran: 12.5 por ciento y 7.1 por ciento. Falta mucho para los hogares mexicanos tengan las ventajas de tener acceso a los servicios financieros.

En la agenda de los candidatos no pueden faltar propuestas de cómo darle una mayor velocidad a la inclusión digital y a la inclusión financiera en nuestro país.

* El autor es profesor Asociado del CIDE.

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